Ya han pasado unos días de su partida y de manera continuada me viene a la cabeza su figura alta, ya doblada por el peso de los años pero que siempre devolvía una mirada tranquila y sosegada. Siempre tuvo un halo distinto, daba la impresión que tenía el don de saber quién es quién solo con la mirada, sin explicaciones.
 
Mi primera referencia de él es el reloj Potens que mi madrina me regaló cuando yo apenas tendría diez años y que compró en la relojería que Salustiano regentaba en la Calle del Agua. Durante esos años de niñez me di cuenta que aquel hombre alto y serio que a veces usaba guayaberas era alguien importante en el pueblo.
 
La relación de un niño con la política es escasa por suerte, pero con la Lucha Canaria en la época no. Al menos no, si tenías al padre que yo tenía, que sabía entendía y comprendía la Lucha como una cuestión de familia, algo casi vital que respiró desde el día en que nació.
 
Cuando en febrero de 1979 se inauguró el terrero que hoy merecidamente lleva su nombre, lo viví sentado al lado de mi padre con los brazos cruzados y los ojos muy abiertos. A partir de ese momento Salustiano Álamo se convirtió en alguien respetado por mí, sin saber muy bien porqué, pero respetado.
 
El paso de los años, las inquietudes y formación que hemos adquirido, nos han ayudado a observar sus logros y sus esfuerzos. También a admirar el valor de su negocio, a su familia; tuvimos la oportunidad de conocerlo y de poder escuchar su profundo conocimiento de esta sociedad guiense.
 
Su lucha privada y constante por que se consolidaran las razas autóctonas de perros, sobre todo sus espectaculares majoreros, de los que me siento orgulloso de tener una ya vieja descendiente, lo han hecho para mí aún más si cabe alguien totalmente admirable; alguien que tenía inquietudes de verdad por estas islas, sin intereses económicos y políticos.
 
En estos últimos años en que la vida le golpeaba, le han llegado reconocimientos tardíos, pero podemos estar orgullosos que a tiempo para él y para su familia. A mí me gustaba homenajearlo a mi manera, saludándolo con la admiración y respeto que le he tenido, tirándole de la rebeca porque siempre lograba sacarle una sonrisa inteligente.
 
El día de su duelo pensé que Salustiano merecía ser despedido con los honores que despiden a los alcaldes de un pueblo. Su trabajo y su legado así lo avalan según mi opinión.
 
Su labor como concejal, consiguiendo entre otras muchas cosas de valor social, mejoras deportivas a través del equipo de Lucha, la consecución de la construcción del Terrero, logros en 
infraestructuras que han puesto a Guía como referente sociosanitario de la Isla, son sin duda el recuerdo físico que dejará en el solar en el que nació.
 
Pero para los que lo conocimos será algo más, un referente, alguien que intentó ser siempre integro, que hizo cosas sin más interés que lograr que su pueblo creciera, mejorara y que su familia viviera con orgullo en ese pueblo.
 
Su ida, nos hace reflexionar sobre nuestro paso por la política y cuál es la verdadera función de un concejal electo de un pueblo en este tiempo de tanta dependencia de los medios y de tanto egoísmo social y político.
 
Salustiano Álamo, será para mí siempre un referente como persona, alguien a quien querer parecerme al menos en su inquietud por lo público, por estas islas y el pueblo que lo vio nacer, Guía.
 
Espero de corazón que descanse en paz de su camino Maestro y muchas gracias de nuevo.
 
 
 
 
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