No sé qué tierna aurora llueve de tus ojos,
qué misterio o que luz, que si me miras,
el mundo torna a su esplendor primero
y el tiempo se detiene,
y la noche no existe,
pues sólo engendra sombra
la luz que nace trémula.
No sé qué leve vuelo de aves viene de ellos,
qué calmado rumor…
Yo sólo sé que si me miras,
aquí flora el sonido del silencio entero,
aquí se azula el mar y se desborda
y me anega y me extingue y, aún borrado,
surge un himno de mí que me hace eterno.
Yo sólo sé que ya no soy
sino un oscuro viento que se incendia
rolando a sol naciente si me miras.

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