El 21 de Abril del 2015 a las 17:00 horas, iba a inaugurarse el primer columpio de diversidad funcional en Canarias. Esta noticia había llamado la atención del pueblo, donde estaban citados todos para que pudiéramos ver la maravilla de un juego inclusivo. Ese día toda la avenida  de las Canteras, estaba repleta de personas para ver cómo era, cómo funcionaba y de dónde salió esa idea tan espléndida. Ese día todo fue sonrisas de niños, de padres y de todo aquel que es consciente de la importancia de este columpio.

Pero  como  todo  cuento,  tiene  comienzo,  un  conflicto  y  un  desenlace.  Así que empecemos por el inicio…

No hace mucho tiempo, en la ciudad de Las Palmas había una familia unida y luchadora que estaban como superhéroes resolviendo cualquier conflicto que les aparecía. El padre se llamaba Ilaxes, un hombre que siempre tenía algo que decir y  muy honesto con sus principios. La madre era Yarune, una madre espléndida que con su sonrisa alegraba a sus dos pequeños y marido, una madre que parecía llevar en su sangre la palabra fuerza. El hermano mayor, Meday, era fuerte y cariñoso y el pequeño Yeday, un valiente que enseño a todos que siempre se puede y que nunca hay que perder la esperanza. 

La vida de ellos, nunca fue sencilla pero entre los cuatro se ayudaban para minimizar la adversidad de los problemas. Yeday, necesito un poco más de ayuda  porque tenía diversidad funcional, pero él no perdía la vitalidad de seguir viviendo y sonriendo a la vida.

Ilaxes y Yarune, como padres se iniciaban en senderos que desconocían, pero juntos de la mano recorrieron la ciudad, creciendo como seres humanos, pareja y como padres. Existían los días en que ambos necesitaban de esa magia que te hace creer que todo es posible, así que iban a casa y allí al ver Meday y Yeday, los observaban detenidamente dándose cuenta que iban por buen camino y que la magia si existe. 

Yeday crecía rápido y deseaba conocer el mundo mejor, sin limitaciones ni discriminaciones. Aunque para el este último concepto podía sonar extraño, él lo sentía y su familia sabía que la lucha iba a ser dura porque la ciudad no estaba preparada para una familia tan mágica. Pasaron innumerables hechos que todos se reducían a discriminación, pero ahí estaban ellos para pelear por los derechos de su hijo. 

La falta de sensibilización de la ciudad era amplia, Ilaxes y Yarune, de tanto andar y batallar por la salud de su pequeño, dieron con el callejón Accesibilidad Universal. Un callejón donde ellos y Meday pudieron ayudar mejor a Yeday, porque era un sitio donde todos eran  iguales, donde la magia y la lucha se respiraban en el ambiente. Lo triste es que solo era un callejón, porque la ciudad aún no se había percatado que el futuro y la vida real era ese sitio. Donde todo está al alcance de cualquier persona sin importar su condición, raza, sexo, religión, discapacidad, enfermedad o gustos. Ellos se sumaron al resto de personas que compartían su pensamiento de lucha. 

El derribar todo barrera que no les dejará seguir caminando, la accesibilidad era más visible cada día en cualquier parte y la lucha de todos cobraba más fuerza para seguir luchando por un bien común, un mundo equilibrado y justo, donde cada ley existía para ser cumplida y respetada.

Aprendieron que ser diferentes no tiene nada negativo, cada uno de ellos era especial por lo que tenía, porque ese “algo” lo desarrollaban en una virtud que era ser capaces de ver con los ojos de la verdad. Donde eran capaces de saber que muchas personas pasaban por las mismas situaciones que ellos, o incluso peores. En la lucha también aprendieron que sumando se logra objetivos, que sumando más personas hay más fuerza para lograr los sueños, para lograr poder vivir una vida accesible e inclusiva. Ese era su sueño, ya no era la lucha por el pequeño, sino una lucha por todos. Porque a veces los seres que caminan sobre dos piernas sanas, se olvidan que en común todos tenemos la capacidad de envejecer, y allí en ese punto de nuestras vidas hay cosas que no volverán ni podremos hacer por la edad. 

Por eso la lucha de la familia mágica y del callejón Accesibilidad Universal, era vital porque la batalla del hoy, será la consecuencia del futuro. Así que llenos de fuerza, paciencia y amor, sus padres pusieron su corazón y alma en una nueva lucha que iba a ser más peligrosa de lo que se podían imaginar.

Yeday y Meday, no podían disfrutar como niños en un lugar donde cada niño juega a ser rey, astronauta, pirata, policía o sirena, en el parque. Los parques de la ciudad no cumplían con la accesibilidad, por más que los cargos importantes de la capital dijeran que sí. 

Cada parque era una travesía de fallos, donde los que ya son adultos se olvidaron que, todo niño en un parque desarrolla muchos factores de su personalidad, vida social y recuerdos. Para cuando sea grande, al mirar atrás puedan recordar  esos momentos como felices, con una gran sonrisa de vida. 

Batallaron juntos todos, por la eliminación de esta barrera que cada vez pesaba más, pero cada acto fue en vano. Promesa, tas promesa, reunión, tras reunión y todo seguía intacto. La discriminación a las personas con diversidad funcional es un hecho escalofriante que recorre nuestras calles, desde aceras sin rebajes, escaleras en edificios emblemáticos,  salidas  de  emergencia  inexistentes  en  teatros,  tiendas  imposibles  de entrar, colegios con profesorado que margina la magia de un niño con diversidad funcional y parques para niños sin problemas. 

Ilaxes que tenía mucho carácter, no resistió más este dolor que como padre sentía al no saber cómo explicar a su hijo lo que pasaba, por qué no había un parque para una persona como  él.  Noches  sin  dormir, la pareja  llegaron a la idea de  un  columpio adaptado para la diversidad funcional, para que su hijo y el resto de niños pudieran sentir y vivir la felicidad, que es estar una tarde en el parque con la familia e amigos. Tras  muchas  llamadas,  reuniones,  esfuerzo  y  colaboración  de  ellos  mismos,  de amistades,  de  vecinos,  ciudadanos  y  asociaciones  que  luchaban  juntos  con  ellos, lograron traer de muy lejos el primer columpio para los niños que padecen diversidad funcional. Lo donaron para que el Ayuntamiento aprendiera que aunque ellos no ven y en muchas ocasiones no cumplen con lo que dictan, el pueblo, la familia y el callejón Accesibilidad Universal, si es sensible y luchador.

El hermano mayor, estaba ansioso porque llegará el día de poder ir al parque con su hermano y jugar con las mismas posibilidades. Su imaginación volaba y le contaba a Yeday historias que él deseaba ya vivir. Los dos pasaban las tardes soñando y sonriendo hasta que llegase el día de la inauguración. 

Y por fin llego el día para la familia y para todos. El 21 de Abril del 2015 a las 17:00 horas, se   inauguró   el primer columpio de diversidad funcional en Canarias. Esta noticia había llamado la atención del pueblo, donde estaban citados todos para que pudiéramos ver la maravilla de un juego inclusivo. Ese día toda la avenida   de las Canteras, estaba repleta de personas para ver cómo era, cómo funcionaba y de dónde salió esa idea tan espléndida. Ese día todo fue sonrisas de niños, de padres y de todo aquel que es consciente de la importancia de este columpio. 

Después de tanta batalla, lucha, guerra y discriminación llegaba un tiempo de paz y Yeday pudo experimentar lo que se siente, la brisa en su cara le acariciaba al columpiarse, sus padres y hermano, de la emoción respiraron lento porque la magia del pequeño envolvió. Cada obstáculo, había merecido la pena por ese instante de vida. 

Pero como se suele decir, lo bueno dura poco, y así paso. El columpio, estaba siendo usado mal por niños que no lo necesitaban, lo rompían una y otra vez. Meday y Yeday, ya no soñaban porque veían que su lugar de felicidad se lo habían arrebatado como el resto de cosas. Recordaban ese día como un paño en oro, un momento que querían que volviera para no irse. 

Ilaxes y Yarune, sentían más peso de lo normal en su vida, ya su gran idea se volvió en un tormento de discriminación continua que llego a durar muchos años. Lucharon hasta no tener fuerza, pero no se podían rendir, porque aun la magia corría por sus venas. Los 4 no perdieron la fe de que si persistían lo lograrían.

Durante esta batalla por vivir y tener momentos de ocio, conocieron a muchas personas que se convirtieron en amistades hermosas, y apoyos fundamentales. Mientras tanto el columpio seguía solo, clausurando los sueños y momentos de cada niño que necesitaba de él. El columpio para las personas con falta de civismo y empatía, era un aparato de distracción, donde no eran ni conscientes que podían hacerse daño sus hijos. Porque es un columpio concreto para la diversidad, pero ni con letrero, ni con personas que al ver como lo maltrataban le explicaban eran capaces de entrar en razón. 

Durante mucho tiempo, el columpio quedó en el olvido. Sin revisar, ni reparar, con el mismo uso del maltrato y gracias a aquellos que prometieron darle un acceso con rampa y velar por la seguridad de el, como del resto de juegos del parque. Una vez más desterraron a los niños, sin poder jugar, sin respetar sus derechos y haciéndoles sentir que para ellos no había hueco en la sociedad infantil. Una marginación que afecta a pequeños y familia.

Pero, entonces un día como otro cualquiera, el columpio llamo la atención de una chica, que sentía que pensaba distinto al resto, y por no tener nada grave de salud y luchar por lo justo, se sentía marginada por pensar así. Por creer que todos tenemos los mismos derechos y oportunidades. Como si de un flechazo se tratase se enamoró del columpio y con el tiempo lo llamo el columpio de Yeday  porque aunque es para todos esos niños. Gracias a su magia y a la de su familia, lograron que el único columpio con diversidad funcional este aquí, en Gran Canaria.

El columpio representa más que un simple juego, es una libertad de derechos a todas esas personas que por la vida o situaciones tienen discapacidad, puedan ser niños una tarden en donde puedan dejar atrás su discapacidad y sólo centrarse pasarlo bien. Es un columpio que representa a todos esos niños, a sus derechos infantiles y desarrollarse como personas. Para que cuando sean mayores experimenten esas emociones en recuerdos imborrables mágicos.

Pero siendo sincera, si los que caminan sobre dos piernas, están sentados en su gran mesa de trabajo y siguen permitiendo esta falta de sensibilización y discriminación. Sólo van a seguir provocando acciones, donde cada vez se crearán más asociaciones y personas que como yo, luchemos por un mundo justo.

Sé que los cuentos deber tener un final, sería fácil decir que se arregló el columpio y la ciudadanía lo respeto, pero mentir no me gusta. La verdad nos hará libre, y lo cierto es que el columpio esta desterrado en una isla, llena de falta de cumplimiento de leyes, de sanciones y al uso de personas que desconocen para que es. Por falta de desconocimiento, por falta de leer con cabeza y por la gran discapacidad del mundo, que es  mirar a otra lado sino  te afecta. El  final  lo  decides  tú,  si  no  tienes  diversidad funcional no lo uses, si ves que lo maltratan defiéndelo con educación y explicación y si estas sentado en tu despacho y tienes en tu mano la capacidad de concienciarte que eso que rechazas hoy, mañana será la población activa que te vaya a votar, recuerda que cuando eran niños con diversidad funcional, tu les diste de lado. Unidos somos mejores. 

Este relato en forma de cuento, redactado desde el cariño y respeto, va dedicado a todos los grandes que fueron niños para que recuerden que todos fuimos al parque, que todos tenemos derechos. A esa familia que me enamoro con su magia y al callejón de la Accesibilidad Universal que me abrieron las puertas con rampas de par en par. Y por último gracias  a mi hija, que con la fuerza que me da, puedo nadar a contracorriente.

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