Esteba Rodríguez García
Esteba Rodríguez García

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“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno. Con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

-Aristóteles, Ética a Nicómaco-
Uno se pregunta ¿qué es el enfado? Inmediatamente después te planteas ¿Para qué sirve? Luego, al observar la deriva de algunos enfados y los resultados o efectos secundarios que producen, te preguntas ¿Existen diferentes tipos de enfado?
¿Qué es el enfado?
El enfado es una emoción muy potente que está relacionada con el miedo. Sentimos la sensación de amenaza de forma física, a nuestra autoestima o a nuestro amor propio, o frustrado en conseguir un determinado objetivo.
El enfado te da un plus de energía que te permite luchar o huir ante una supuesta agresión, ante una amenaza. Situación que produce estrés e irritabilidad, nos hace hipersensibles y nos predispone para el enfrentamiento ante cualquier situación que en otro momento de tranquilidad la calificaríamos de tontería insignificante
“El enfado se suele alimentar de sí mismo, es como un volcán que se va llenando de pequeñas provocaciones (que no dejan de ser pensamientos o percepciones de lo que está ocurriendo) o irritaciones que van siendo cada vez más intensas y que hacen que acabe explotando el volcán en un estallido de violencia”. -David Gómez, Psicólogo-
¿Para qué sirve?
Como toda emoción negativa, tiene una intención positiva que debemos descubrir con la observación serena de lo acontecido. Nos sirve para reaccionar de forma contundente y rechazar una acción sobrevenida, aunque sin medir previamente los efectos secundarios. Si bien en ocasiones puede salvarnos la vida, la clave está en cómo gestionar el enfado de forma eficiente sin que nuestra mente se vea dominada por esos pensamientos recurrentes construidos desde la amenaza externa que se fabrica desde el ego, la comparación o la frustración de situaciones anteriores. Pero no todo está perdido, como decíamos antes siempre hay una intención positiva aunque se encuentre lejana dado el estado de tensión en diferentes partes del cuerpo (ritmo cardíaco, la respiración, la circulación sanguínea, todo se acelera). Por ello esa observación serena a la que aludimos más arriba nos permite ver el estado de ánimo, ver si hay alguna otra emoción además del enfado que está en mi interior, será interesante para ver si estoy en el mejor momento para tratar este tema o quizás necesite tiempo o algo más para afrontarlo.
En un magnifico artículo del Blog Somos Inteligencia Emocional nos dice:
“Si el enfado es con alguien (y no con algo o con una situación), necesitamos encontrar el valor para hablar con esa persona y expresar nuestro enfado de forma constructiva.
Quizás necesitaremos buscar una situación adecuada para hablar con esa persona (esperar a que termine la reunión de trabajo, llamar para quedar esa persona y tú, esperar a que se vaya la gente para estar solo con mi pareja, etc.). Lo mejor es hablar este tema a solas, de lo contrario corremos el riesgo de que haya otras personas que puedan influenciarlo, que se apoye de ellos para quitarle importancia o para increparnos que somos exagerados.”
Es por ello fundamental expresarse con asertividad, o lo que es lo mismo: saber decir las cosas de forma constructiva estableciendo nuestros límites al mismo tiempo que no sobrepasamos los del interlocutor.
¿Existen diferentes tipos de enfado?
Ciertamente existen diferentes tipos de enfado que trataré de forma sucinta; recurriendo a la misma fuente anterior nos dice:
  • El enfado saludable
Cuando es primario y adaptativo hay que escuchar a la emoción a ver qué nos dice y actuar en consecuencia a ser posible con asertividad. Como ya hemos visto, un enfado nos va alertar de una amenaza la cual está sobrepasando (o nos parece a nosotros según nuestras experiencias y creencias) nuestros límites (o los de otra persona). Las situaciones de injusticia, que nos hablen mal sin razón aparente o cuando nos mienten, son situaciones que normalmente suelen generarnos enfados saludables.
Cuando el enfado primario viene asociado a una violación o un abuso, tiene cualidades de rabia, asco, desprecio o miedo, mientras que cuando tiene que ver con un sentimiento de traición o de necesidades de dependencia no satisfechas, entonces aparece la tristeza ante esa pérdida. Uno de nuestros objetivos en estas ocasiones será diferenciar bien toda esta mezcla de emociones, analizar y analizar las necesidades que hay detrás de ellas para, entonces, poder darnos lo que nos están avisando.
El enfado no saludable
El enfado es desadaptativo cuando es un sentimiento recurrente que notamos que no se va de nosotros y que sentimos con frecuencia. Normalmente responde a algo que nos ocurrió hace tiempo y que no gestionamos bien. Enfados (crónicos), ante los que debemos identificar lo ocurrido y la necesidad que existe detrás. Es decir, diferenciar todo el cúmulo de emociones que ese enfado puede estar generándonos (rabia, culpa, resentimiento, tristeza, dolor, etc.), analizar qué pudo ser lo que generó este enfado y qué nos quieren decir estas emociones
El enfado secundario
El enfado secundario aparece cuando esta emoción está escondiendo a otra que es la verdadera, normalmente emociones como el miedo y la tristeza, suelen esconderse a través del enfado.
Cuando un padre grita porque su hijo ha perdido la pelota y va directo a la carretera, la emoción que está sintiendo el padre no es de enfado, sino de miedo que culpa al niño y se enfada con él para descargar el miedo activado.
Los hombres que han crecido con la creencia limitante de que no se puede llorar, suelen expresar un enfado secundario cuando tienen una tristeza real escondida pero la tapan con el enfado. Cuando evitamos hablar de lo que sentimos y lo razonamos mucho o nos tomamos lo ocurrido a broma suelen ser origen de enfados no bien gestionados y que tenemos que ayudar a enfrentar y gestionar.
Enfado Instrumental
A veces usamos el enfado para conseguir algo, a veces no nos damos cuenta ya que forma parte de nuestra personalidad y lo usamos a menudo. El ejemplo que decíamos antes cuando gritamos a nuestro hijo para que no haga algo cuando en realidad estamos sintiendo miedo, es un claro ejemplo de enfado instrumental. Este tipo de enfado puede ser muy valioso en nuestras habilidades interpersonales pero puede caer en el estilo de la manipulación.
Enfado como manipulación
El enfado es una de las emociones (junto con la tristeza) más usadas como instrumento y muchas veces, conseguimos manipular a los que nos rodean. “Cuando me enfado con mi pareja porque no hemos hecho lo que he propuesto, cuando me enfado con mi hermana por no acompañarme de compras, cuando me enfado con mis padres por no comprarme lo que les dije, cuando me enfado con mi hijo por no hacer lo que yo digo (sí, esta última está en el límite de llegar a manipulación).
Tenemos que tener cuidado con esto, ya que podemos correr el riesgo de estar manipulando constantemente a la gente que queremos, con actitudes que ya se han convertido en nuestro comportamiento. Un comportamiento errático y nada deseable para una convivencia sana, libre y amorosa.
El enfado es la antesala de la ira y la rabia, frente a estas emociones negativas, y una vez tomado conciencia de ellas, vuelvo a insistir en algo recurrente para mí, -aún no superado completamente- y que ha sido trascendente en los cambios más eficaces en mi trayectoria vital, LA SERENIDAD.
Desde esa plataforma mental y psicológica podemos optar a:
  • Relajándonos mediante la meditación o simplemente recostados en el sofá con los ojos cerrados.
  • Concentrándose en la respiración como una forma de meditación sencilla de forma que nos alejemos de los pensamientos que nos colapsan la mente
  • Escuchando música que nos relaje y nos evoque situaciones de paz, tranquilidad y serena alegría.
  • Yendo a algún sitio tranquilo, leyendo un buen libro, haciendo ejercicio físico. Dando un abrazo de los de verdad, sentido y calmado sin golpeteo en la espalda, comiendo algo que nos guste o incluso practicando sexo.
  • En definitiva, tomar las riendas de nuestro momento presente con alguna acción consciente y orientada a encontrarmos con el verdadero y maravilloso ser humano que somos, ese que habita dentro de ti, y que siempre espera paciente tu mirada, la mirada interior de luz y amor.




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