El lado bueno de Nardy Barrios

A veces, me siento ajeno a mis propias reflexiones, como si fuera una sombra que atisba, sobre el hombro del silencioso escribiente, las notas que van surgiendo en su ordenador.

Contemplar el Orto del sol al amanecer desde cualquier rincón de Gran Canaria, bosques de laurisilva, acantilados costeros, dunas, o desde el centro de la isla, el Roque Nublo o El Bentayga.

Es una sensación extraña, como si buscara evadirme de cuanto me rodea y esconderme en mi introspección. Esa emoción de vagar sobre la vulgar realidad que nos rodea puede que sea síntoma de una  derrota, del desistimiento de una ciudad  que se me ha vuelto árida y desconocida.

Cada día, los humanos realizamos múltiples elecciones sobre cosas que deseamos hacer o pensar. Gracias al libre albedrío podemos afirmar que somos dueños de nuestras acciones y responsables de las decisiones que tomamos. Podemos adoptar una decisión o la contraria, está en nuestra mano obrar o abstenernos de obrar. Tenemos libertad metafísica. No estamos sujetos a ningún tipo de determinismo. Equivocarnos forma parte de nuestra peculiaridad como seres humanos.

Nardy Barrios  nunca ha sido partidaria de la condescendencia. Me parece un sentimiento deleznable, propio de los que se creen superiores a quienes les rodean. Tampoco cree estar en posesión de la verdad. A lo largo de nuestras vidas hemos cometido demasiados errores para creernos  en posesión de nada. Dicho lo anterior y valorando la época que nos ha tocado vivir, pienso que debemos realizar un esfuerzo por salir de la mediocridad que nos rodea y recuperar valores que no tengan valor monetario. Comportamientos altruistas. Valores que nos hagan recuperar el placer de sentirnos vivos y felices de formar parte de nuestros barrios. Nada hay más bello que contemplar el orto del sol por la mañana mientras sentimos el despertar de la naturaleza a nuestro alrededor. El paisaje nos empequeñece, pero ese sentimiento no es un agravio, es la constatación de nuestra verdadera posición en el entorno.

En estos siete meses de pre campaña y campaña electoral nos ha tocado atravesar situaciones de gran volatilidad en las que los cambios se producen más rápidamente de lo que somos capaces de asumir. La tecnología desbordó las redes, escarche, selfi, viralidad, memes, nos desbordaron. En ocasiones no somos capaces de comprender los beneficios que algunos inventos nos puedan reportar en un futuro inmediato.

Nardy Barrios a punto de cumplir 70 años, mira a la vida de otra manera, modernizada, sintiendo nuevos aires en su rostro. Esforzándose con humildad aprendiendo las recientes normas de convivencia. Ilustrarse es mirar a nuestro alrededor con los ojos de un niño curioso. Descubrir lo que nos perdimos, recuperar el tiempo gastado en inútiles banderías.

Aunque,  parezca que abandonar su acta de concejala, es un acto pesimista, aseguro que esta mujer no lo es, cada día se esfuerza por intentar ver el lado bueno de cuanto le sucede. Vivimos en un mundo en el que los sentimientos se han convertido en nuestro modo de ser, sustituyendo a nuestra razón. Ya no somos guiados por nuestros pensamientos, sino por la pasión que mueve nuestros sentimientos. No hay tiempo para pensar, sólo para sentir. Las ideas primitivas tienden a convertirse en eslóganes.

Desde siempre me ha molestado que me digan lo que tengo que pensar y aquello que debo evitar me pase por la cabeza. Es como si alguien hubiera decidido tratarnos como si fuéramos niños en período preescolar.

Somos seres humanos y, por lo tanto, sociales. Se nos ha dado capacidad para pensar y un Código ético para elegir lo que más nos conviene en cada momento. Debemos asumir nuestra capacidad para equivocarnos. Los Programas de Gobierno deberían ser contratos Sociales que los políticos se vieran obligados a cumplir. En caso contrario, los políticos concernidos, debieran arrostrar su deshonor.

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