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miércoles, junio 3, 2020

El millo y sus usanzas

El millo, principal alimento de los canarios durante siglos, se plantaba en primavera. En las zonas costeras de Gran Canaria desde marzo; a partir del 3 de mayo, día en que la Iglesia Católica celebra “La invención o hallazgo de la Santa Cruz”, se podía plantar ya de “mar a cumbre”. Con el millo se plantaban las judías y las calabazas de millo, los calabacines, los guisantes,…

A fines del XVIII y principios del XIX, el comisionado regio don Francisco Escolar y Serrano, en su «Estadística de las islas Canarias, 1793-1806» nos aportaba datos sobre la forma de cultivo que los agricultores de Teror seguían con respecto a las plantaciones de millo que realizaban y que pervivió durante décadas:

“…En mayo y junio siembran maíz, para recoger en septiembre y octubre; si estercolan, plantan papas y si no la siembran de legumbres (judías) que sirven de abono, y las vuelven a plantar de maíz. Muy rara vez a continuación del maíz cultivan trigo y cebada. El cultivo preferido de los agricultores de la zona es el maíz, por lo cual practican la rotación. Las labores que se les dan a las tierras de riego son: barbecho, dos aradas y asurcado, para lo que es necesario 12 yuntas; 12 peones van detrás de la yunta desturronando; 15 mujeres la plantan, y el resto de las labores como recolección, descamisado y desgranado, se ayudan mutuamente…”

Cuando el invierno había sido bueno el verano entraba con los campos terorenses cubiertos del mar verde de esta cosecha de millo que se llamaba “de postura”, y era la única que producía las piñas que se recogían en septiembre (normalmente después del Pino), momento en el que se originaba una de las ocasiones anuales de encuentro y fiesta en las medianías isleñas: las descamisadas. La tarea sosegada, la cercanía de los grupos de muchachos y muchachas en estas juntas propiciaban los juegos de amores, las prendas, los aires de Lima y otros cantares aderezados de cuentos y picardías.

Entonces se preparaba la primera cosecha de papas, las que se plantaban de agosto a septiembre y se recogían a final de año, principiando el invierno, momento en el que se plantaba la segunda cosecha que se recogía en marzo y abril.

El otro plantío de millo era el “pajero”, sólo para comida de animales, sin producción de piñas.

Los cereales constituían la otra fuente principal de alimentación y las lluvias invernales hacían posible sus abundantes cosechas en verano. El trigo, el centeno y la cebada se sembraban en invierno, desde que caían las primeras lloviznas. Se recogían desde fines de junio hasta principios de agosto, dependiendo de las zonas. Entonces llegaba el momento de las trillas, en que todos los vecinos aprovechaban para renovar sus manifestaciones de alegría y fiesta.

Las que reunían a mayor cantidad de personas eran las célebres trillas de la finca de Osorio, pero en todas ellas, entre cambio de yunta y descanso del calor, se paraba para beber el pizco de ron, el vino o alguna papa que se sacaba del caldero antes de tiempo.
El ánimo se acaloraba, las guitarras, las bandurrias, los timples comenzaban a sonar y cuando la trilla se acababa para comer y después del descanso comenzaban los juegos, los cantos y los bailes.

El grano se llevaba luego al molino, se cernía el afrecho para los animales y se recogía la harina para el pan, que siempre era “semi-integral” ya que nunca se le llegaba a quitar todo el salvado.

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