El Salón del Humor quedó inaugurado en el Miami Hispanic Cultural Arts Center y Creation Art Center como parte de la fiesta del arte que representa la celebración de Art Basel,  «Néstor no se parece a Daumier, ni a Fresno, ni a Bagaría, ni al histórico David Levine (cuyos trabajos algún «caricato» fusiló en España). No. Néstor es otra cosa. Es la modernidad, la fuga, la transgresión del color, lo puntiagudo, lo imaginativo, lo sagaz, lo cubista… Es el trampolín de la tinta y lo sorpresivo de la curva, lo Néstor. Sus trabajos no solo nos hacen sonreír sino que ―y ésto es lo mejor de su creación― nos hacen pensar. Hoy, pocos caricaturistas consiguen, como el canario Néstor Dámaso del Pino, exprimir el corazón del personaje, y no solamente eso, sino darle un nuevo latido a su alma, esto es, devolverlo por completo a la vida y que sus bustos nos hablen ―como si fuéramos amigos― desde el marco ineludible de lo remoto»(Rafael Inglada Roselló -Editor y biógrafo de la obra de P. Picasso).

El humor se ha instalado en el Miami Hispanic Arts Center en los trazos de artistas cubanos.La muestra contiene un especial dedicado a la caricatura de la mano del artista canario Néstor Dámaso que reúne una serie de 19 láminas únicas e indescriptibles, retratos caricaturizados de varias personalidades cubanas y españolas vinculadas con la historia o la cultura de la isla.

Las imágenes expuestas abarcan los últimos años del trabajo artístico del caricaturista nacido el 6 de junio de 1965 en Las Palmas de Gran Canaria. Néstor Dámaso del Pino es un autodidacta que ha aprendido poco a poco que el talento y la pasión por el arte significa, de hecho, transmitir, compartir y ofrecer, lo que le ha reportado un gran éxito a nivel nacional e internacional. Muchas de sus obras hacen parte del patrimonio museístico de España, Italia, Grecia, Rumanía y Portugal.

Desde los cubanos Pedro Pablo Peña, Dulce Maria de Loynaz o Manuel Díaz Martínez, hasta los españoles Ramón Maria del Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Francisco Fernández de Bethencourt o Federico García Lorca, hacen un conjunto que conecta dos meridianos alejados construyendo un puente que cruza culturalmente el Atlántico.

El autor parece que tiene un espejo donde sus personajes amablemente caricaturizados comunican y se comunican entre si en un diálogo real, la cultura y la identidad. Ellos pasan por el filtro personal del dibujante que no sólo pone líneas y colores, sino completa el nivel biográfico y, a veces, físico. Se trata de innovación y originalidad en el fantástico lenguaje de su lápiz que nos cuenta, nos hace imaginar un mundo de sueños, ilusiones, de sufrimiento, de alegría y esperanza, también de rebeldía y dignidad.

Es el mundo único conocido o desconocido, un mundo interior de cada retratado. De hecho hablamos aquí de un «rostro» que se transforma en «biografía plástica y visual».  

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