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viernes, octubre 18, 2019

El título de basílica: La Primera Celebración del 2016 en Teror.

Que no es que el templo terorense del Pino cumpla un siglo; ya que concluido en 1767 lo que cumplirá el próximo año del 17 será un cuarto de milenio.

Esta primera efeméride de las muchas con que la Villa de Teror verá engalanado el discurrir de los meses y sus conmemoraciones en este 2016 de tan concurrido estreno, es el centenario de la concesión al Santuario del Pino del título honorífico de Basílica Menor, concedido por el Vaticano el 13 de enero de 1916.

Ese día, el Cardenal Secretario de Estado Pietro Gasparri firmó el segundo rescripto que en los tiempos del obispo Marquina elevaba aún más los honores y prebendas del templo terorense y su advocación titular.

Lo cosa venía desde dos años antes. En 1914, por otra concesión vaticana, Nuestra Señora del Pino era declarada Patrona de la Diócesis de Canarias y, previamente a las fiestas de aquel año, Marquina subió en agosto -antes de las fiestas- paras, tal como quedara constancia, «ultimar, por encargo de la Sagrada Congregación de Roma que entiende en este asunto, ciertos detalles referentes al Santuario de Ntra. Sra. del Pino de Teror, que por gestiones del dignísimo Prelado será erigido pronto en Basílica Menor» La ceremonia de consagración del templo terorense, uno de los requisitos para elevar y razonar el argumentario a elevar a la Santa Sede se celebró el 30 de agosto del 14. Para ello, se construyó un nuevo altar -de cemento recubierto de cantería- ya que el anterior, por ser de madera no podía ser consagrada, y por no hallarse pieza de cantería del tamaño requerido. Se trajeron reliquias de los mártires San Urbano, San Constancio, San Victoriano y Santa Severina, que fueron encerradas con tres granos de incienso en una cajita redonda, sobredorada por dentro y ceñida con cordones encarnados y el escudo episcopal. Mucho más oropel y ceremonial tuvo esta previa consagración, como la invocación del Divino Espíritu por medio del himno “Veni Creator Epíritus“, o el ruego que hizo el obispo a Dios para que visitara el recinto y designara ángeles para su custodia eterna que permanecerían por los siglos entre sus paredes; ceniza sobre el pavimento formando una cruz con inscripciones en griego y latín; bendición de sal, ceniza y vino; aspersiones sobre las puertas y paredes; …. Todo ello no pretendia -repito- otra cosa que aumentar los valores del templo de Teror, cara a la solicitud de la concesión del título basilical, que en aquel momento sólo ostentaba en toda nuestra Diócesis, sólo la Catedral de Canarias. Como todo ello fue a puertas cerradas, el pueblo no se enteró de nada. Sólo espero pacientemente, la autorización para entrar. Y tampoco entendía mucho que era aquello de «basílica» (en la actualidad sigue necesitando permanente explicación); pero si era bueno para la Virgen, era bueno para todos.

Marquina, después, comenzó a moverlo todo en las alturas vaticana. El documento (rescripto) que en poco más de un año se conseguía lo pretendido lo argumentaba desde el inicio de su texto latino: «La singular devoción de los fieles a la Virgen Madre de Dios siempre y en todas partes ha sido causa de que se la dedicaran templos grandiosos en los cuáles la piedad y el arte rivalizan por rendir a tan Excelsa Madre él culto más espléndido. Así también en la Villa de Teror de la Diócesis de Canarias existe desde el siglo XV un Templo consagrado a la Santísima Virgen María bajo la advocación del PINO tan enriquecido de preciosas obras de arte durante él siglo diecisiete y después en nuestros mismos días que a ningún otro cede, fuera de la Iglesia Catedral, en amplitud y magnificencia…Por lo cual, por estas Nuestras Letras, y en virtud de la Autoridad Apostólica, ELEVAMOS A LA DIGNIDAD DE BASÍLICA MENOR la Iglesia dedicada al Señor bajo la advocación de la Santísima Virgen DEL PINO que se halla en la Villa de Teror de la Diócesis de Canarias, y la concedemos todos y cada uno de los derechos, privilegios, prerrogativas e indultos que corresponden por derecho a las Basílicas Menores de esta Nuestra Esclarecida Ciudad.»

A la semana siguiente, el obispo Marquina, trasladado a Teror, comenzó una semana de celebraciones litúrgicas, religiosas, civiles, para celebrar el honor recibido. Esos llamados privilegios o prerrogativas que ostentan las iglesias con tales honores son, muchos; utilizar el canópeo(un dosel parecido a un paraguas) o el del campana llamada tintinábulo, que son utilizados en procesiones o a la cabeza del clero en actos oficiales, y el uso de capa magna para el rector;…y también que los oficios celebrados en ellas sean un ejemplo para los demás templos de la Diócesis a la que pertenece; promover la formación bíblica y religiosa de los fieles, el estudio y divulgación de los documentos con los que se propone el magisterio del Sumo Pontífiice,…

El paraguas y la campana desaparecieron, el ejemplo de sus oficios o la formación bíblica no son mayores que en otras iglesias,……pero el título ahí esta.

El 2 de febrero de 1916, estando Marquina en la Villa, el ayuntamiento terorense cumplió con un acuerdo plenario adoptado el 30 de enero y trasladados tras la ceremonia religiosa a la calle del Naciente de la ya flamante Basílica, se procedió a descubrir la plaza de mármol que nombraba como «Obispo Marquina» a esa pequeña vía del casco terorense. Los discrursos oficiales y las emocionadas palabras del obispo dieron realce a uno de los pocos actos civiles que se realizaron hace un siglo para conmemorar el privilegio vaticano. Las conmemoraciones duraron aún cuatro días más.

Años más tarde, el templo teldense de San Juan fue nombrado basílica menor el 6 de abril de 1973; y el Santuario de Nª Sª de la Candelaria, lo fue el 24 de enero de 2011.

Como por honor y prebenda se tiene, este tipo de títulos -ya un tanto caducos, todo hay que reconocerlo- están muy ligados a las emociones y sentimientos que se mueven en torno a Nª Sª del Pino, por lo que hay que respetarlos y difundir sus verdaderos y profundos signicados.

Y, bueno, a fin de cuentas, parejo al título nos llegó una devolución no se está poniendo mucho énfasis en el centenario.

En 1916, las fiestas de la Natividad de Nuestra Señora en Teror, el Día del Pino, recuperaron el doble precepto; la doble obligación para los católicos cumplidores: la de participar en la misa eses día -que no se nos había retirado- y la de descansar del trabajo -que sí nos habían quitado años antes-.

A la gente del campo poco les importó el doble precepto, que las vacas comen todos los días haya misa o no; pero para los poquísimos «trabajadores por cuenta ajena» signíficó un día festivo más. Algo es algo.

José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror.

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