En recuerdo de aquellas que se han ido

Convergen la mirada y la sonrisa
encendiendo las brasas y los cielos,
preñando del amor los mismos suelos
sin dudas, sin dolor, sin tener prisa.

Más, pronto le llegó el desengaño
sembrada la quimera de los celos,
de gritos, de tristezas, de desvelos,
de ausencias cotidianas y de daño.

No quería sentirse prisionera
y aguantó las palizas y los llantos
fingiendo ser feliz ante cualquiera.

Empujones, desprecios… fueron tantos
que ya nada quedó que les uniera.
Su vida siempre fue nido de espantos.

Escoltada esta tarde la llevaron
directa al camposanto. La enterraron.

Un R.I.P. innecesario.

 

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