Entrada al cementerio lleno de cadáveres por Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes

Esto que hoy les escribo no es una ficción literaria. Es otra de las ultima víctima en Fuengirola, Málaga. Es el último crimen de violencia de género eleva “a 979 el número de víctimas en España desde el año 2003, que es cuando comenzaron a contabilizarse las muertes por este tipo de crímenes en España”.

 Una madre y su hijo menor. Ellas,  mujeres maltratadas, que van de ventanilla en ventanilla en peregrinación por los diferentes organismos. El complejo administrativo no le ha dado ninguna solución. Volver a casa. Guardar las formas. Aguantar. Sufrir. Y los hijos espectadores de primera fila de un martirio secuenciado. Todos los días hay función gratuita. ¡Qué mierda de vida!

Ahora estaremos atentos a las nuevas funciones de la política…,

Un día, quizás, esas mujeres saldrá en los periódicos y todos nos rasgaremos las vestiduras. Y con elocuencia y falso pudor nos quejaremos de la violencia de un hombre contra su mujer, violencia apurada hasta el extremo de la muerte. Un día todos nos haremos la foto asomados en las puertas de nuestras instituciones para hacer un minuto de silencio.

Me pregunto si la nueva política se atreverá a salir en ese  periódico donde un pequeño recuadro con el rostro de la mujer. Y nuestra foto, a tres columnas, la del minuto de silencio, compungidos con la mirada al vacío, también añadirán alguna declaración, de nuevo, cargada de indignación. No hay derecho. Los minutos de silencio, muchas veces, son el punto final que justifica muchas otras calladas e incomprensiones anteriores. Y a otra cosa. La vida es demasiado compleja para pararnos más tiempo. ¿Esto ya nos justifica?

Desgraciadamente, pronto saldremos otra vez a asomarnos al silencio de nuestras puertas institucionales. Pendiente estoy de la desaparecida en la isla de Lanzarote, Romina Celeste.  Una persona más ha sido crucificada en los calvarios de nuestra inanición administrativa. Pronto clamaremos al cielo, pero viviremos seguros en nuestro castillo protector. Cuando salimos a hacer ese minuto vacío, de silencios, me imagino que la puerta, a nuestras espaldas, es la entrada al cementerio lleno de cadáveres.

No puedo entender tanto sufrimiento injusto y a tanta sinrazón.

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