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La relajación de las medidas de control y contención de la covid-19, constituyen en Canarias un hecho palpable. A un mes de finalizada la declaración de Estado de Alarma, el Ejecutivo y la Consejería de Sanidad, actúan más preocupados por una ciega y contraproducente reactivación productiva y económica que por la defensa y salvaguarda de la Salud Pública. Este proceder nos puede hacer retrotraer a la fase más dura del confinamiento, y, con ello, paradójicamente, un agravamiento de los efectos económicos que, dicen, pretender evitar. Así, la apertura hacia el turismo, se está haciendo sin garantizar una serie de medidas mínimas de control. Empezando por lo básico, ni siquiera se está procediendo a la limpieza y desinfección de los aviones entre cada vuelo, donde, además,  siquiera se respeta la distancia de seguridad.

Según los estudios, el colapso sanitario del reciente pico pandémico, fue provocado por solo un 5% de población afectada y otros más recientes, parecen indicar que no se adquiere una inmunidad definitiva, por lo que, planteamientos como el pasaporte sanitario, pierden peso. Por otra parte, la obsesiva campaña de captación turística que realiza el ejecutivo canario ha llegado a extremos  del dislate y la negligencia, llegando a extremos tales como solicitar al ejecutivo español la no contabilización de los casos positivos de covid-19  de migrantes llegados a Canarias, o pasearse por las islas con miembros de la Organización Mundial del Turismo para promocionar la seguridad del archipiélago pero que, previamente, se han negado a realizarse en origen la prueba de detección del coronavirus.

Desde Intersindical Canaria lanzamos un aviso: no existe protección inmunitaria de rebaño emanada de la primera onda, más del 95% de la población es susceptible, solo se consiguió aplanar la curva a través de medidas severas de confinamiento y a día de hoy, aún, no hay disponible tratamiento efectivo ni vacuna. No queremos por tanto pensar, el efecto sobre la población y sobre el sistema sanitario de una segunda oleada si no se toman medidas. Por ello insistimos, los castigados y exhaustos servicios sanitarios deben estar absolutamente dotados de medios humanos, materiales, espacios y equipos de protección.

Entendemos que la única medida que puede evitar el desastre, de persistir en el actual empeño de sacrificar la seguridad y salud de la población en base a la economía, sería la realización de pruebas PCR en origen a todos los ciudadanos que visiten las islas. Las actuales medidas, consistentes en una eventual toma de temperatura y la entrega de un escrito-declaración, sobre el cual no existe el más mínimo control, se revelan absolutamente insuficientes.

Pero más allá de las nulas medidas del control de viajeros, observamos imágenes cotidianas de ocio, donde no se respetan las normas de seguridad, siquiera en el uso de mascarilla. Esta es otra de las medidas para las cuales debe elevarse el nivel de restricciones y, también en Canarias, por el libre flujo y circulación de personas, considerar el uso obligatorio de este elemento de protección.




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