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La prostitución es una realidad social sobre la que se suele opinar con prejuicios, aunque seamos pocos los que la conocen de primera mano. Tengo la suerte de conocer a la presidenta de la Asociación de Prostitutas y Mujer Maltratada de Las Palmas de Gran Canaria, Juana María Ortega.

Los medios de comunicación en alguna ocasión con sus titulares y noticias sensacionalistas, nos la muestran como un ejemplo de misericordia humana, tampoco los partidos políticos han sabido enfocarla adecuadamente, con valentía y sin hipocresías.

Mujeres con hechizo en los tacones, el apocalipsis de sus shows, dueñas de la sexualidad. Mujeres que también extrañan su trabajo, no solamente la remuneración del dinero que es importante en cualquier profesión, también es el mismo entorno el que nos hace seguir el trabajo, la cotidianidad. Seguro ellas extrañaran mucho la sensación de saberse ser divas de la noche, diosas del baile, la deidad de la sagacidad, la monarca de los negocios, la sagrada ambición de muchos…

Estas mujeres venden un servicio que, en ocasiones, involucra algunas partes del cuerpo, con esto no quiero decir que ellas vendan su vida ni su dignidad.

Me relata Juana María, que ya desde principios del mes de marzo, había menos chicas de lo habitual en las casas, tenían miedo a contagiarse y también ya había menos clientes. Después con el estado de alarma, todas las casas cerraron y la actividad se paró. Desde entonces muchas la llaman desesperadas cada día porque no saben cómo van a salir adelante.

Antes del coronavirus ya eran un colectivo invisible, pero ahora son todavía más vulnerables. Estas mujeres no obtienen estos días ningún tipo de ingresos ni tienen tampoco la opción de solicitar ayudas.

Desgraciadamente el Coronavirus sitúa a este colectivo en un grado de máxima vulnerabilidad, son días complicados para todos/as, pero quienes no han dudado en apoyarlas y ayudarlas, son sin duda ciudadanos de a pie, una vecina de la barriada de Guanarteme y Chile, Carmen Foronda, fue la encargada de liderar la iniciativa de recoger dinero para hacerles una compra, la cual dio de comer a 65 mujeres. Los miembros del GIORS CANARIAS, Grupo de Intervención Operativo de Rescate y Salvamento, fueron los encargados de trasladar la compra al Molino de Viento como se le conoce vulgarmente. También están siendo ayudadas por Caritas.

Desde aquí mi más sincero agradecimiento a todas esas personas empeñadas en promover valores éticos. Hay a nuestro alrededor muchos hombres buenos y muchas mujeres, quizás has tenido la fortuna de conocer alguna, yo sí, es fácil atacar a estas personas, pero por decencia a veces ni se defienden como se debe. Las prostitutas van por delante de todos nosotros en el reino de Dios. Mateo 21, 28-32.




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