Los que hemos tenido en la vida que despedir sabemos lo que esto significa, aunque la despedida que hace una madre de un hijo muerto es algo brutal.

Tres días lo perdió cuando era niño en Jerusalén, presagio de esta perdida.

Ahora lo despide muerto y no de cualquier manera, asesinado como un malhechor. Su dolor es terrible pero su entereza admirable. Cuando se apagan las lámparas del viernes santo la suya queda encendida. Vive con la lámpara encendida y en delantar puesto. Sabe que Dios tiene caminos insospechados y que nunca le defrauda. Bendita mujer de piedad y fortaleza.

Te fuiste con el discípulo amado a tu nueva casa. Creíste, esperaste y amaste. Contigo espero este Sábado Santo y siempre.

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