Todos hemos escuchado expresiones como: “Si tiene celos es porque te quiere”, “soy celoso/a porque te amo”, “si no tiene celos es que no está enamorada/o de ti”
 
Los celos son de las emociones más complejas y de las que se derivan infinidad disparadores emocionales que llevan a comportamientos que en todos los casos causan mucho dolor. En ocasiones tardan muchos años en manifestarse, debido a la capacidad de maquillaje amoroso en la que el portador camufla esta emoción convertida en una patología crónica que aparentemente se agudiza o atenúa en función de la respuesta de su víctima.
 
Hay que tenerlo claro: los celos no demuestran amor. En realidad, son una respuesta emocional al miedo de perder algo, algo que asumimos «que nos pertenece», que es de nuestra propiedad. Una idea sin duda, errática, preocupante y muy negativa. En ese contexto Los celos son una señal de alarma que nos informa de la existencia de un peligro.
 
¿Peligro a qué?
 
En el mejor de los casos a perder el cariño, el amor, la compañía de nuestro ser querido. Pero la deriva más perniciosa está sujeta a los miedos, estos actúan como un vigía permanente que está alertando en todo momento de los peligros que acechan a la relación con otra persona, personas o entorno, aunque en realidad ocurre en todo el universo, es así como lo ve y siente en su universo interior el portador de esta quiebra psicológica .
 
¿De dónde vienen? ¿porqué se producen?
 
Desde la infancia estamos sometidos a comparaciones y especialmente a la cultura patrimonial. Mi mamá, mi papá, mi hermano, mi juguete, -mi niño lindo-. Luego alimentado por los premios compensatorios afectivos o materiales vamos creando un sentimiento de pertenencia interesada sin la cual parece que las cosas no funcionan. (ante la ausencia de la misma se produce un vacío existencial que no somos capaces de gestionar)
 
En la revistaLa mente es maravillosa recoge lo siguiente:
Los celos están relacionados con aquellas áreas en las que la persona se siente más insegura… Es común experimentar esta sensación cuando vemos a personas más competentes que nosotros, y sobre todo, cuando tememos perder ese vínculo con nuestras parejas afectivas e incluso por qué no, con nuestras amistades.
 
Los celos se dan no solo con la pareja (aunque sea el caso más típico), sino también entre hermanos, primos, amigos, familiares, colegas del trabajo, etc. Es por ello que este sentimiento, presente en todas las culturas desde hace miles de años, forma parte de canciones, mitos, leyendas, libros y por supuesto, investigaciones científicas.
 
Si dejáramos de lado la percepción de que el otro es nuestro patrimonio, los celos no existirían. Así de sencillo. El ser humano por naturaleza se ha criado en un ámbito donde se apropia de todo lo que tiene alrededor. Nos quedamos con algo porque nos gusta, nos hace bien, lo disfrutamos y queremos que esté a nuestra merced cuando nos apetece.
 
El psicólogo BLAS RAMÓN RODRÍGUEZ, nos habla en su Blog sobre:
 
Celos, una palabra con la que se puede cargar durante toda una vida, difícil de aceptar y muy difícil de asimilar. Los celos, de la pareja, del compañero de trabajo, del hermano, etc., cuando no se saben controlar pueden llegar a complicarnos mucho la existencia y causarnos gran dolor a nosotros y a los que nos rodean. Como en muchos de los problemas psicológicos, los celos son el inicio y el desencadenante de una situación personal y familiar insostenible.
Estén fundados en la realidad, o sean producto de la imaginación, los celos frecuentes y excesivos resultan incompatibles con la felicidad y con el bienestar personal.
Lo que subyace, es decir, lo que está detrás de las experiencias enfermizas de celos es:
  • Una baja autoestima.
  • Dificultad notoria para valorarse a uno mismo.
  • Pérdidas afectivas y exigencias familiares estrictas.
  • Patrones afectivos y emocionales mal aprendidos.
Los celos son un elemento disolvente de las relaciones humanas, hasta que no se toma consciencia de que los sufres continuarás disolviendo tu propia felicidad.
 
Programa de radio Moya del día 3 de Junio en el que hablo de los Celos
 
 
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