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martes, junio 2, 2020

Martes Santo en Sta. María de Guía

Según se aproximan los días más solemnes de la Semana Mayor, va en aumento la cantidad de imágenes que representan la Pasión de Cristo. Por tradición en Gran Canaria, este día tiene como protagonista al pasaje de la flagelación. La iconología de esta jornada es la del Cristo atado a la columna. En Guía, la talla no estaba sola en el presbiterio del templo, pues lo acompañaban, a ambos lados, las de la Virgen Dolorosa y de San Juan. Como de este último se dieron datos el día anterior, ahora se hará mención a las dos imágenes restantes, que datan de 1795.

CRISTO ATADO A LA COLUMNA

Su autor vuelve a ser Luján Pérez. En las islas ya existían tallas sobre este tema, unas muy antiguas, defactura popular, y otras realizadas por escultores de cierto renombre. Al respecto, muy posiblemente se fija Luján en las homónimas que se encuentran en Las Palmas de Gran Canaria (obra de Tomas A. Calderón De La Barca, 1798) y la Orotava, en Tenerife (Pedro Roldán, 1689). El imaginero guíense ya había tallado dos años antes el Cristo que se conserva en Teror.

El que posee Guía es una escultura completa, de tamaño natural, que se caracteriza por un logrado contraposto y una policromía realista que resalta las múltiples heridas causadas por la flagelación. Estos detalles dejan patente que la talla tiene mucho de barroco, pero también presenta un gesto que lo emparenta en parte con el neoclásico: la expresión serena de su rostro (a diferencia de los de Las Palmas y Teror, cuyas miradas alzadas transmiten más sensación de dolor y, por tanto, de mayor barroquismo).

VIRGEN DOLOROSA

Ahora entramos en el tema más numeroso en la obra de Luján; ya fuera a tamaño mediano o regular, al “Maestro Pérez” (como se le llamaba) se le encargo cerca de una veintena de dolorosas.

Pueden observarse muchas versiones sobre lo mismo (rostros mirando hacia arriba o hacia abajo, bocas cerradas o entreabiertas, manos en distintas posturas), pero todas tienen en común la disposición de las cejas en actitud de lamento por los padecimientos de su Hijo. La obra guíense es de vestir, aunque la totalidad de su anatomía esta tallada (lo mismo haría con su Cristo en el huerto de la misma localidad), mira hacia abajo y tiene las manos cruzadas ante el pecho.

Según se cuenta, ambas obras citadas eran un encargo para la parroquia de otro pueblo, pero dado que Luján no recibió el pago acordado, decidió que el destino final de las dos fuera la parroquia de su “patria chica”.

El Martes Santo tiene lugar la 2ª de las procesiones en Guía. En este caso solo desfila el Cristo de la Columna, en recoleto itinerario de Vía Crucis y sin acompañamiento de banda musical.

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