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  • El municipio norteño celebró en la tarde de hoy sábado, con participación reducida y estrictas medidas de seguridad sanitaria, el único acto de las fiestas que el Ayuntamiento ha mantenido, tras suspender el resto de la programación por la pandemia de COVID-19; debían comenzar el pasado 5 de junio con el pregón a cargo del popular comunicador moyense Raúl Arencibia y prolongarse hasta finales de este mes
  • Los alimentos recolectados gracias a la solidaridad de las asociaciones vecinales, culturales, deportivas, empresas y particulares de la Villa, irán destinados a las familias con menos recursos de Gran Canaria

El Ayuntamiento de la Villa de Moya ha recolectado más de 2.500 kilos de alimentos no perecederos en la ofrenda simbólica en honor a San Antonio de Padua, celebrada en la tarde de hoy como único acto de los festejos principales del municipio norteño, suspendidos por la pandemia de COVID-19. Una cita en la que tan solo han participado el alcalde, Raúl Afonso, junto a los Tenientes de Alcalde y dos niños en representación de cada uno de los once barrios de la Villa. Y con la que el Consistorio moyense ha garantizado la provisión de esta importante cantidad de productos alimenticios básicos que irán destinados a las familias con menos recursos de Gran Canaria, gracias a la solidaridad de los colectivos vecinales, culturales, deportivos, empresas y particulares. La ofrenda se celebró en el marco de la función religiosa con motivo de la onomástica del santo, con el aforo del templo de Nuestra Señora de Candelaria reducido al 75%, distanciamiento interpersonal y estrictas medidas de seguridad sanitaria, si bien más de un millar de fieles pudieron seguir la retransmisión en directo a través de las redes sociales del Ayuntamiento y de la Parroquia.

“Este año ha sido la situación extraordinaria que nos ha tocado vivir y, aunque muchas personas no han podido acceder a la iglesia a ver a San Antonio, han comprendido que lo que corresponde es primar la seguridad de nuestros vecinos”, explicó con resignación el alcalde moyense, Raúl Afonso, quien subrayó que “ya tendremos tiempo de volver a festejar cuando superemos la pandemia del coronavirus”. En cuanto a la ofrenda simbólica al santo, Afonso destacó “la gran solidaridad que un año más ha demostrado nuestro pueblo que, pese a no poder disfrutar de las fiestas, no ha dudado en colaborar con las personas que más lo necesitan en estos momentos”. En este sentido, el máximo edil norteño mostró su agradecimiento a todos los colectivos y personas que han hecho posible este sencillo acto y concluyó que “cuando se trata de arrimar el hombro y ayudar al prójimo, la Villa de Moya nunca defrauda”.

En condiciones normales, la romería-ofrenda en honor a San Antonio habría reunido en el casco de la Villa de Moya a más de diez mil personas, pues, no en vano, se trata de una las citas festivas más populares de cuantas se celebran en el municipio norteño desde que el Grupo de Gobierno municipal de los últimos ocho años la recuperó e impulsó tras varias décadas en decadencia. Asimismo, con estas fiestas se da la bienvenida al verano en la Villa y cada año supone el pistoletazo de salida al calendario de ocio estival que se sucede por toda la geografía de Gran Canaria. Pero en esta ocasión y por primera vez desde que surgió en los años sesenta del pasado siglo por el ímpetu de los vecinos del municipio y enmarcada en la primigenia fiesta de Los Labradores, se ve interrumpida por la pandemia de COVID-19 que desde el pasado mes de marzo mantiene paralizado a todo el planeta. Las fiestas debían comenzar el 5 de junio con el pregón a cargo del popular comunicador de TVE, Raúl Arencibia, prolongándose hasta finales de ese mismo mes.

Una romería auténtica, singular y respetuosa con la cultura canaria, arraigada en la más profunda tradición de las medianías del norte de Gran Canaria y que en la actualidad preserva un enorme valor divulgativo sobre la historia, costumbres e idiosincrasia moyenses. Que con el esfuerzo de la Corporación local ha logrado aunar en un ambiente de fraternidad y alegría, la participación de los barrios, colectivos culturales, deportivos y vecinales de la Villa, junto a miles de personas llegadas de diferentes puntos de la isla e incluso extranjeros que se acercan hasta el municipio norteño para vivir en primera persona estos festejos. Todo ello, en torno a la talla de San Antonio datada en 1923 y llegada a la Villa de Moya procedente de la zaragozana Casa de Aranda.




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