Hoy en primer plano de mi retina, el ejemplo de las mujeres migrantes. Ellas que son hoy, casi la mitad de la población migrante del mundo y su número que va en aumento. De ahí, en gran parte, los cambios en los flujos migratorios y cómo la migración femenina se equipara en importancia en todos los niveles a la masculina. Migran tanto como los hombres y su migración tiene los mismos efectos económicos. Pero todavía con doble sufrimiento. Por ser mujer, y por ser pobre, y si cabe más, por ser irregulares, por llevar a sus hijos/as en brazo o tenerlos que defender de los gases actuales o arpones en el mar de la policía en la frontera turco-griega.

En mi retina, aún la imagen de esa mujer, que recientemente murió en Ceuta por no poder comer en su intento de traspaso de fronteras. Otra de ella es también la de la mujer desmayada, ante la que cae un chorro de agua fresca, donde una mano, también femenina y anónima intenta, en el fragor de la batalla, despertarla de su desmayo, para darle vida. Y nuevamente, grabadas a fuego en mi corazón, otras escenas parecidas me siguen hablando de mujeres en tantos lugares del planeta, que sufren las peores consecuencias por nacer mujer, como en china, que muchas niñas son abandonadas en orfanatos, a los que luego van los matrimonios a adoptar. En la India, se dan facilidades para abortar en cuanto se detecta que el feto es el de una niña. Las niñas son las que sufren la ablación del clítoris, la prostitución infantil en Tailandia, los matrimonios forzosos…

Y mientras tanto, en Europa, además de comprobar los actuales efectos del vergonzoso acuerdo entre Turquía y la Unión Europea para devolver refugiados, la frontera entre Grecia y Turquía ha sido de nuevo el tapón escandaloso entre dos mundos, no sólo geográfico, utilizando a los migrantes como arietes en el ataque o como moneda de cambio. Y la policía se ha atrevido a lanzar gases y bombas lacrimógenas para detenerlos, entre ellos mujeres y niños.

Nuevamente en mi retina, me sigue hablando de mujeres migrantes, acunando mis sueños para fortalecer la utopía. Y he comprendido porqué determinadas autoridades policiales aconsejan no mirar a la cara a las migrantes. Por ejemplo, la de aquella niña de entonces que casi ahogándose por los gases huye despavorecida sin querer desprenderse de una muñeca, como si fuera su tabla de salvación. Recuerdo que en aquellas imágenes me pareció recordar que entonces uno de los guardias que disparaba gases, lo hacía con los ojos cerrados. Para no ver la mirada de horror de los niños y de los pobres. Dicen que aquel policía de ojos cerrados se llama Europa.

 

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