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jueves, diciembre 12, 2019

Nuestra Sra. de La Luz. Compendio de la ciudad

jueves, diciembre 12, 2019

Título y afirmo que compendio porque es ésta una celebración con raíces tan profundas en nuestra historia, que anteceden incluso al inicio de la misma como tal, y que haciendo un breve prontuario se estructura a la vez el hilo argumental de la capital.

La Luz nos acompañó desde los primeros pasos de la Gran Canaria hispánica.

El gran Viera y Clavijo lo relata así: “…y surgieron en el de las Isletas de Canaria a veinte y cuatro de junio por la mañana… Y habiendo desembarcado la tropa en aquel arenal, sin que hubiese quien la inquietase, fue la primera obra en que se ocupó, la de cortar algunos ramos de palmas, con los cuales se formó una gran tienda, a cuya sombra erigieron un altar. Como era día de San Juan Bautista, celebró la misa el Deán Bermúdez y todos los soldados la oyeron devotamente…»  Fue en 1478, con hojas de palma, como clara premonición de la unión y fuerte ligazón que tendría aquella incipiente ermita con las ciudades donde se fundaba. Y se dedicó a Nuestra Señora de Guía; devoción implantada por entonces ya en varios lugares de la península como «de la Guía» que bajo el nombre de “Maris Stella” se invoca en la Letanía.

Mejorada, destruida y reconstruida (por mor de su cercanía al mar y a los que con aviesas intenciones se acercaban por aquellas calendas a las costas canarias) los datos sobre capellanías, destrucción, documentos sobre capillas, nos hablan de su permanencia en el tiempo y de la férrea voluntad de nuestros antepasados de mantener suelo sacro en el lugar donde se oyeran aquellas primeras palabras de rezo, de oración y también de ayuda en la lucha ya a fines del siglo XV. La Luz sigue aquí porque así lo quisieron los grancanarios.

Pero, cuando León y Castillo determinó la construcción del nuevo puerto –motor y «luz» del desarrollo de la isla desde fines del XIX hasta la actualidad- en las cercanías del istmo de Las Isletas, determinó con ello asimismo el futuro de toda la zona circundante. Una Real Orden de 30 de julio de 1900, crea Parroquia de Nuestra Señora de La Luz -la parroquia del pujante Puerto-y sería su primer párroco don Pedro López Cabezas, que inició una determinante labor de mejora de toda la vida religiosa de la zona, comenzando, por lógica, con la estrechez de la antigua ermita. Así. el 24 de octubre de 1902, en una reunión promovida por la Sociedad «El Recreo» y a la que asistieron vecinos y autoridades especialmente invitadas, se comenzó a hablar sobre la necesidad de construir una nueva «iglesia del Puerto» -que así llamaban a la ermita de La Luz-, para poder atender «de manera decorosa» las necesidades del culto, porque la pequeña y antiquísima ermita, único templo con que cuenta, no servía para el caso. Francisco González Díaz, que escribió la crónica de la reunión afirmaba un tanto sarcásticamente «…con dos docenas de fieles queda colmada, y además amenaza desplomarse rendida por el peso de los años. Allí donde tan grande y completa mudanza se ha cumplido en los últimos tiempos, sólo el viejo santuario permanece intacto, mostrando sus grietas y sus techos carcomidos. El Puerto necesita una iglesia amplia, cómoda, adecuada a su actual importancia y a la cifra actual de sus habitantes. Resulta anómalo que tenga aquel bien poblado centro una parroquia, y que para alojarla disponga solamente de una humildísima capilla, indigna de la más pobre aldea. Consideremos otra circunstancia. Los tripulantes y pasajeros católicos de los buques que en el Puerto hacen estación o escala, acuden también en los días festivos a Nuestra Señora de la Luz y no pueden, las más de las veces, ni siquiera acercarse a la puerta. ¿Qué pensarán de tanta estrechez y de tanta pobreza?»

Iniciados los trámites por el obispo de entonces -el Padre Cueto-, los continuaría el siguiente – Adolfo Pérez Muñoz, que se implicó tanto que ya ausente del obispado remitiría 30.000 pesetas desde Madrid para las últimas obras – y finalmente inauguraría la construcción, en la tarde del nueve de mayo de 1914, Ángel Marquina y Corrales. El arquitecto municipal, Laureano Arroyo ideó la construcción de la segunda iglesia más grande de toda la isla, que no llegaría a ver terminada por su fallecimiento en 1910.

De Pontifical y con hisopo, bendijo Marquina la espléndida construcción y luego, desde el púlpito, habló a los isleteros y a la extraordinaria multitud que asistió como sólo Marquina sabía hacerlo: «Emocionado dirijo por primera vez la palabra a vosotros, mis queridos hermanos en el templo construido casi todo por mi antecesor el Dr. Adolfo Perea Muñoz; recordadlo siempre con gratitud, así como al Vble. Padre Cueto. Yo estoy aquí siguiendo sus huellas para continuar su historia, dispuesto a sacrificarme por los pobres. No hagáis nunca caso, de los que quizás estén en medio de vosotros, prometiéndoos grandezas para luego engañaros, y que sirváis de pedestal para ellos subir. ¡Infelices de vosotros si hacéis caso de tales maestros! …cuando salgáis de casa para el trabajo o vayáis de paso por la calle decid: aquí está mi casa…»

Terminada la intervención del obispo, comenzó la de don Manuel Luengo, Delegado del Gobierno don Manuel Luengo, al descubrir la lápida que daba nombre a la calle cercana con el del Ilmo. Sr. Dr. Pérez Muñoz, al que asimismo prometió dar cumplida información de todo lo allí ocurrido. Los toques alegres de las campanas culminaron el acto.

Posteriores actuaciones a mitad del pasado siglo deteriorarían bastante la imagen ideada por Arroyo y una última restauración al cumplirse su centenario inició un proceso, que continúa, de darle el realce que realmente merece como el templo emplazado en el sitio donde las tierras de la Gran Canaria escucharon por primera vez, las sacras invocaciones de una nueva religión, que, al soco de la conquista, enraizó y floreció a la vez con dulzura y con fuerza, en las siguientes centurias.

Temas como las historias de la Imagen, el Castillo, la fiesta…queden para el escrito siguiente.

La Luz se merece eso y más.

De la cumbre hasta la mar

de La Culata hasta enfrente

bajan todos los caminos

del Pino a Tamaraceite…

La isla de Gran Canaria

a tus pies rinde sus tierras.

Desde tu puerto a las cumbres,

el alma isleña, Tú llenas….

José Luis Yánez Rodríguez.

Cronista Oficial de la Villa de Teror.

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