De vez en cuando cubría su cuerpo de realidades. Pasaba las mañanas como cualquier persona, como tú mismo-a, trabajando, relacionándose con las amistades, intentando sacar lo positivo de cada situación y aprender cada día algo nuevo.

A pesar de que las heridas que cubrían su piel  ya eran sólo cicatrices, no sentía dolor, tan solo se percataba de ellas cuando pasaba su mano para acariciar su pecho, sus brazos, sus propios hombros.

Hoy la realidad fue cruel, dura, tanto y tan inesperada que sus ojos se impregnaron de humedad, pero no dejó correr ni una sola lágrima. No lo entendió, seguro que no lo entenderá jamás. La realidad fue demasiado dura, y no quiere raspar esa herida. Esperará a que pase el tiempo y si no cura por sí sola tendrá que cauterizar, con sumo cuidado, el lugar donde le ha herido la zarpa.

A duras penas, a base de dolor y tristeza, aprendió a escuchar acciones. De vez en cuando las palabras que le dicen suenan mudas.

Hoy el silencio le añulga el mañana, ese mañana que será otro nuevo día.

Inma Flores © 2018

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