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  DUPLEX SARDINA 002 PISO GUIA 002 DUPLEX MARMOLEJOS PISO AGAETE  
 

DUPLEX SARDINA (Gáldar)

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PISO EN GUÍA

Ref. 2739

Duplex en Marmolejo

(Gáldar)

Piso en Agaete

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Realidad y Vulnerabilidad

Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes
192 veces

Quienes conocen a María- nombre ficticio, dicen que se la ve agotada, desesperada y muy deprimida por veinte años de lucha con Pedro- también nombre ficticio, que ha vuelto de nuevo a prisión. Solo así respira tranquila. Y ni eso. La orden de alejamiento le impide ir a visitarlo a la cárcel.

María, a sus 75 años, está agotada, desanimada, desesperada. “No saben lo que llevo pasado con Pedro", insiste. “Un día empezó a decirme que era mala y que me iba a morir, que si su padre era malo, que él era peor y que tuviera cuidado; y yo ya no estoy para estas cosas. Antes, cuando estaba menos torpe, lo echaba a empujones a la calle, pero ahora no puedo”, explica. “No quiero que mi hijo salga de la cárcel. Si vuelve a casa me va a matar".

La narración de María es cruda como la vida que le ha tocado vivir. Enérgica en su juventud, ahora se mueve torpe por su casa. Quien tantas veces plantó cara a su hijo ahora es más vulnerable, frágil, débil. Se cae con frecuencia a consecuencia de la fibromialgia que padece.

María está asustada y aterrada porque Pedro le prometió que acabaría con ella al salir de prisión.

Pedro empezó a coquetear con la droga y la rareza que su madre siempre percibió se tradujo en un diagnóstico. “Tiene un poquito de esquizofrenia y trastorno bipolar”, explica María . “El psiquiatra me lo advertía: ‘Ten cuidado, que Pedro está cambiando mucho y va a por la familia’. Porque todos éramos malos para él. Él solo estaba bien en la cárcel”.

En el barrio se habla de su pasado, de quien lo vivió en primera persona y también lo hacen quienes lo sufrieron en sus carnes. Confiesan con voz baja dejando en suspenso un abismo de escenarios alternativos. “Desde niño ha dado mucho que hacer, y cuando murió su padre perdió el norte”. “Tiene buen corazón, pero cuando se le cruzan los cables…”. La puerta de su humilde casa es el mejor testimonio, llena de golpes y abolladuras por sus frustrados y repetidos intentos de entrar.

Pedro cumple condena por su especialidad, la de estar inmerso en todo tipo de robos.

¿Qué se puede hacer con Pedro?. María, cuenta los días que faltan para que su hijo salga de prisión. Todavía queda. No sabe si un mes o tal vez dos, quizás sea un año. Su única certeza es que no lo quiere en casa. “No si sigue así”. Su Pedro, Pedrín, tiene 55 años y sufre trastorno bipolar.

Escucho situaciones horribles según me va explicando el coordinador de la Pastoral Penitenciaria que explica, que como María, hay muchas madres que prefieren que sus hijos estén en prisión antes que en su casa. “Mejor en un centro especializado, como "un psiquiátrico" los cuales "están saturados", me puntualiza el voluntario Penitenciario.

María continúa acercándonos a la realidad de su hijo y me dice que ella a luchado mucho, mucho, y que debe haber sitios especializados para estas personas. Porque, ¿qué hacen en la cárcel? ¡Ponerse peor! Nadie le vigila el tratamiento. Le dan la pastilla, y si quiere se la toma y si no las tira. Y está todo el día en el patio, escuchando las historias de ellos. Fechorías de unos y de otros. Y eso se le mete en la cabeza.

“Yo no quiero que venga a casa, porque es un problema. Ojalá no tuviera que decir esto, pero sé que no cambiará, porque está enfermo y no se quiere tratar”, detalla María, que afirma estar nerviosa por la salida de su hijo de prisión. Con miedo de que cumpla su promesa. La amenaza que enturbia la plácida vida de su hogar.

El único desahogo de María está en las visitas de la Pastoral Penitenciaria, ahí descubre “que —por difícil que parezca— hay gente peor que yo”, defiende mientras le quita el polvo con la mano a los retratos de sus fallecidos que guarda junto a la mesita de noche. Su madre y la de su marido en paz descansen.

María está desesperada por no saber a qué puerta más llamar, y a las que llama nunca abren.

Querida María, admiro a madres como tú, que siempre tienen abierta la puerta de su casa, la de su corazón, y que nunca se cierra, pese al calvario que se vive dentro.

Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes

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