No tengo palabras por Carlos Álvarez Liria

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Sábado, Mayo 26, 2018

No tengo palabras por Carlos Álvarez Liria

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La pérdida de un ser querido supone para cada uno de nosotros una serie de emociones, en ocasiones por lo inexplicable de la misma y en otras, aunque venga de una larga enfermedad por la ausencia que nos crea. Cada cual lo lleva a su manera, pero todos tienen en común las diferentes fases del duelo.

Las 5 etapas del duelo:

De forma resumida, las 5 etapas del duelo tras la muerte de alguien querido son descritas por Elisabeth Kübler-Ross de la siguiente manera.

  1. Etapa de la negación

El hecho de negar la realidad de que alguien ya no está con nosotros porque ha muerto permite amortiguar el golpe y aplazar parte del dolor que nos produce esa noticia. Aunque parezca una opción poco realista, tiene su utilidad para nuestro organismo, ya que ayuda a que el cambio de estado de ánimo no sea tan brusco que nos dañe.

La negación puede ser explícita o no explícita, es decir, que aunque nos expresemos verbalmente aceptando la información de que el ser querido ha muerto, a la práctica nos comportamos como si eso fuese una ficción transitoria, es decir, un papel que nos toca interpretar sin que nos lo creamos del todo.

En otros casos, la negación es explícita, y se niega de manera directa la posibilidad de que se haya producido la muerte.

La negación no puede ser sostenida de manera indefinida, porque choca con la realidad que aún no se ha llegado a aceptar del todo, así que terminamos abandonando esta etapa.

  1. Etapa de la ira

La rabia y el resentimiento que aparecen en esta etapa son fruto de la frustración que produce saber que se ha producido la muerte y que no se puede hacer nada para arreglar o revertir la situación.

El duelo produce una tristeza profunda que sabemos que no puede ser aliviada actuando sobre su causa, porque la muerte no es reversible. Además, la muerte es percibida como el resultado de una decisión, y por eso se buscan culpables. Así, en esta fase de la crisis lo que domina es la disrupción, el choque de dos ideas (la de que la vida lo deseable y la de que la muerte es inevitable) con una carga emocional muy fuerte, por lo que es fácil que se den estallidos de ira.

Así, es por eso que aparece una fuerte sensación de enfado que se proyecta en todas las direcciones, al no poder encontrarse ni una solución ni alguien a quien se le pueda responsabilizar completamente por la muerte.

Aunque una parte de nosotros sepa que es injusto, la rabia se dirige contra personas que no tienen la culpa de nada, o incluso contra animales y objetos.

  1. Etapa de la negociación

En esta etapa se intenta crear una ficción que permita ver la muerte como una posibilidad que estamos en posición de impedir que ocurra. De algún modo, ofrece la fantasía de estar en control de la situación.

En la negociación, que puede producirse antes de que se produzca la muerte o después de esta, fantaseamos con la idea de revertir el proceso y buscamos estrategias para hacer que eso sea posible. Por ejemplo, es frecuente intentar negociar con entidades divinas o sobrenaturales para hacer que la muerte no se produzca a cambio de cambiar el estilo de vida y "reformarse".

Del mismo modo, el dolor es aliviado imaginando que hemos retrocedido en el tiempo y que no hay ninguna vida en peligro. Pero esta etapa es breve porque tampoco encaja con la realidad y, además, resulta agotador estar pensando todo el rato en soluciones.

  1. Etapa de la depresión

En la etapa de la depresión (que no es en sí el tipo de depresión que se considera trastorno mental, sino un conjunto de síntomas similares), dejamos de fantasear con realidades paralelas y volvemos al presente con una profunda sensación de vacío porque el ser querido ya no está ahí.

Aquí aparece una fuerte tristeza que no se puede mitigar mediante excusas ni mediante la imaginación, y que nos lleva a entrar en una crisis existencial al considerar la irreversibilidad de la muerte y la falta de incentivos para seguir viviendo en una realidad en la que el ser querido no está. Es decir, que no solo hay que aprender a aceptar que la otra persona se ha ido, sino que además hay que empezar a vivir en una realidad que está definida por esa ausencia.

En esta etapa es normal que nos aislemos más y que nos notemos más cansados, incapaces de concebir la idea de que vayamos a salir de ese estado de tristeza y melancolía.

  1. Etapa de aceptación

Es en el momento en el que se acepta la muerte del ser querido cuando se aprende a seguir viviendo en un mundo en el que ya no está, y se acepta que ese sentimiento de superación está bien. En parte, esta fase se da porque la huella que el dolor emocional del duelo se va extinguiendo con el tiempo, pero también es necesario reorganizar activamente las propias ideas que conforman nuestro esquema mental.

No es una etapa feliz en contraposición al resto de etapas del duelo, sino que al principio se caracteriza más bien por la falta de sentimientos intensos y por el cansancio. Poco a poco va volviendo la capacidad de experimentar alegría y placer, y a partir de esa situación las cosas suelen volver a la normalidad.

Con la muerte de mi padre, todos los miembros de la familia y amigos suyos, estamos pasando por una u otra etapa del duelo, no se trata de quien lo quería más o menos y por eso se encuentra mejor o peor, simplemente de cómo cada uno es capaz de sobrellevar su dolor.

Cuando me preguntaban por su estado, siempre decía que hoy estaba y mañana podía no estar, muchos me decían que como podía ser eso, y yo trataba de explicar algo que en la vida sucede día tras día, para morir, solo hace falta estar vivo, buscar más explicaciones no dejan de ser excusas.

Y así fue, sus últimas palabras fueron: “buenas noches mi hijo, dale un beso a la niña”, horas más tarde, abría la puerta de su casa y ahí estaba en su sillón, pero ya no era mi padre, era el envoltorio que se queda cuando Dios se ha llevado el alma, mi padre ya se había marchado.

El artículo se llama “No tengo palabras”, difícil en mí dejarme sin palabras, pero en esta ocasión no tengo palabras para agradecer a todos los que se han acordado de mi padre. Desde el lunes hasta el día de hoy sigo recibiendo el pesar de la gente por su pérdida.

Por parte de la familia queremos agradecer a todos los que de una u otra manera han estado con nosotros en estos dos meses y estos últimos días. En especial a los miembros de la Guardia Civil de Teror, Centro de Salud de Teror, Familia Navarro Acosta, Don Hipólito (vicario), Don Jorge (Párroco), Don Adrian (sacerdote), Don Jorge (sacerdote), Carmina (amiga), Policía Local de Teror, Andrea (cementerio de Nuestra Señora de los Dolores), Federación Interinsular de Fútbol de Las Palmas, Comité Técnico de Árbitros de Las Palmas, Radio Teror, NorteGranCanaria.es y al periódico La Provincia. Seguro falta alguno más (les pido disculpas).

Yo quiere agradecer pública y especialmente a mis tías, Mary Carmen, Esther y Sayo que ayudaron en el cuidado de mi padre este último mes, que pasó bajo en su casa.

Siempre me gusta finalizar con una última reflexión, y hoy no será menos. Mis lagrimas no son de tristeza por su pérdida, son de alegría al recordar cada momento junto a él, incluso en sus últimos días, cuando me decía: “no me eches tantos vainazos mi hijo”.

Padre, no me despido de ti, porque sé que donde estés me estarás viendo, y estoy seguro que algún día nos veremos, pero todavía no.    

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Comentarios   

+2 #1 Gracias CarlosMARTA NIEVES MONTERO GONZÁLEZ 25-04-2018 02:31
Gracias Carlos, muchas gracias por estas hermosas palabras que te hacen digno de tu progenitor. Se fue sin darle tiempo de una despedida formal, pero todos sabíamos que desde que le dieron el alta en el hospital de una u otra forma, ya se estaba marchando. Sé del amor y del cuidado que le profesabas y también sé lo feliz que le hiciste con tu pequeña. Ahora únicamente el tiempo y su recuerdo irán haciendo que permanezca en ti para el resto de tus días y que el dolor por su pérdida se convierta en un recuerdo cariño y amable hacia él.
Un abrazo primo,

Marta
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