Hace un año... Pedro Ortega, un hombre bueno, un buen hombre por José Luis Yánez Rodríguez

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Sábado, Mayo 26, 2018

Hace un año... Pedro Ortega, un hombre bueno, un buen hombre por José Luis Yánez Rodríguez

Esta tarde, el cura de Teror don Antonio Perera, en el funeral celebrado en la Basílica del Pino definía a don Pedro Ortega como “un buen parroquiano”; obviamente en el más amplio sentido de la palabra: el de participar en la comunidad, con afecto y buena relación con los demás que conforman esa parroquia, ese grupo de personas que conviven en un lugar.

Yo que por edad y por curioso recuerdo a toda su parentela y la estrecha relación que mantenían con mi familia materna (arrendatarios de sus tierras del Palmar) puedo decir que sí, que es verdad.

Toda la familia, con sus diferencias, eran buena gente de campo. Así como su hermana Feluca era dicharachera, conversadora, simpática pero a la vez muy seria en sus cosas (nos cuidaba en las horas de estudio cuando comencé el Bachillerato en el Colegio Diocesano de Teror); y su hermano Manuel (alcalde de Teror desde 1957 a 1975) era más serio,más cerrado en expresar sentimientos, y como buen político, casi inescrutable en sus opiniones y pareceres; Pedro Ortega era educadísimo, afable en el trato, comedido en la palabra y respetuoso con todos los que hasta él se acercaban. Tuvo la suerte de unirse con una mujer muy parecida a él en todas estas virtudes: el 28 de diciembre de 1959 casó con Cándida Rodríguez Déniz, hija del dueño del mítico Hotel Royal, Antonio Rodríguez Herrera.

El nombre le vino de su abuelo, Pedro Suárez Ponce (que ocupara varias veces concejalías del pueblo a inicios del pasado siglo) Con raíces en El Palmar y en Firgas, le viene el nombre –al igual que a su hijo el consejero Pedro Ortega Rodríguez- de Pedro Ponce de León, allá por las conquistas de las islas.

El Ortega le vincula a la Villa desde más de cuatro siglos. Trajo aquí el apellido doña Leonor de Ortega, natural de Telde e hija de don Esteban Hernández de Rociana y de doña Isabel de Aday, que casó a fines del siglo XVI con don Diego Pérez de Villanueva, hijo del primer patrono de la Virgen del Pino don Juan Pérez de Villanueva y de su mujer la también teldense doña María Sánchez de Ortega y Zambrana.Un hijo de este matrimonio, don Andrés de Ortega, casó en 1615 con doña Ana de Arencibia, hija del Alcalde Real de Teror don Baltasar de Arencibia y de su mujer doña María de Alarcón y Colombo y comenzaron la línea que llega hasta la actualidad de la Villa del Pino.

Teror por los cuatro costados y por todos los sentires.

Ha fallecido (hoy hubiese cumplido 85 años) un hombre bueno, un buen hombre; que ayudó a muchísima gente desde su puesto de trabajo y que hoy se lo agradecían estando presentes y haciéndose presentes ante sus parientes.

¿Su herencia? La de las buenas personas: una familia que transmitirá y perpetuará esa buena crianza: sus hijos Mª del Pino (con quien estudie mi época de bachiller), Pedro, Adela, Imelda, José, Maloles y Marta Ortega Rodríguez y los hijos de éstos. Y su esposa, Candita Rodríguez, que sabrá (que sea por muchos años) guiarlos como ha hecho hasta ahora.

Desaparece un buen hombre de la tierra, deja aquí su huella. Hasta siempre, don Pedro. Ya se le echa de menos.

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