Mujeres seres para otros

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Lunes, Junio 18, 2018

Mujeres seres para otros

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Los hombres y las mujeres, debido a una socialización diferencial a través de la cual unos somos socializados como seres para sí, ellas son seres para los otros.

Vivimos vidas diferentes, en terminos de costos y esfuerzo que afectan de manera deferencial a la salud de las mujeres. A pesar de la ilusión de la igualdad en la que se supone que ellas se encuentran, la diferente implicación de unos y otras en ámbitos como la familia y el trabajo, el amor y el cuidado, el tiempo libre y el descanso, la alimentación y el dinero, la cultura y el espacio, se concreta en diferentes percepciones y vivencias de la salud y la enfermedad. En realidad el meollo del asunto reside en el hecho de que tales condiciones de vida les permiten tener o no acceso a un hecho crucial en la percepción de la salud como es el control de la propia vida. La socialización tradicional aleja a las mujeres de este sentimiento, dada la clara desigualdad en las condiciones de vida y en el esfuerzo, profundamente estresante, que las mujeres llevan a cabo para mantener la felicidad de los demás, lo cual supone una sobrecarga que afecta a su vivencia de la salud, porque ser responsable de algo sobre lo que no se tiene control, sobre algo que no depende de ellas mismas, es fuente de ansiedad y depresión.

   Una parte importante del sufrimiento oculto que presentan mujeres mayores tiene que ver con su histórica posición de subordinación y sumisión, con el alejamiento de sus deseos reales y la consecuente falta de significación social que tales vidas generan. Cuando ese sufrimiento es excesivo surge la enfermedad. Una enfermedad, aparentemente inespecífica, que se concreta en las múltiples quejas de mujeres que llevan a su médico para que le despache una dosis de ansiolítico.

El trabajo de las mujeres supone todavía un índice de estrés derivado de los múltiples papeles sociales que siguen cumpliendo, dado que sus compañeros,  si bien comparten gozosos los beneficios económicos del trabajo de las mujeres, siguen mostrando una importante resistencia a compartir el núcleo duro de la vida doméstica, siendo ellas las responsables del funcionamiento armonioso de la familia, con desgaste físico,  mental emocional y psicológico que supone.

A ustedes mujeres, a las cuales yo he visualizado, mujeres que se reconocen entre sí, la belleza de los signos del paso del tiempo, sus canas, su piel surcada como reconocimiento de la experiencia vivida, de las emociones y sonrisas compartidas, como demostración de los tiempos transcurridos en relación e intimidad, exhibiendo unas arrugas que indican que durante mucho tiempo se ha disfrutado, se ha sonreído, se ha reflexionado, pero también se ha sufrido.

Signos que muestran que vivir es algo importante y por su puesto hay que hacerlo defendiendo derechos por la Igualdad.

Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes.

Experto universitario en gerontología aplicada por la universidad de León

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