La Romería-Ofrenda del Pino (2ª Parte)

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Lunes, Enero 22, 2018
Domingo, 06 Septiembre 2015 01:00

La Romería-Ofrenda del Pino (2ª Parte)

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La responsabilidad subsidiaria de las Autoridades (II)

 santiago           Con un guineo que ya este autor confiesa obsesivo, vienen publicándose año tras año, en este y otros medios, sugerencias, indicaciones y reivindicaciones, ideas y necesidades sobre el asunto que nos ocupa. Algo de lógico tendrán porque nunca han sido discutidas. Por el contrario, en múltiples ocasiones algunos responsables cualificados explicitaron su reconocimiento y prometieron propósito de la enmienda. Y, si bien hay que admitir que algo se ha mejorado, pasados –tan de prisa como la vida misma- los 365 días de cada anualidad, se observan muy pocos progresos al respecto. Queda mucho por hacer y mucho por corregir; por lo tanto el asunto sigue siendo de rigurosa urgencia.

            Cada vez que cambian las Corporaciones insulares, viene a reforzar nuestro empeño un soplo de esperanza que pronto deviene en vana ilusión; justo y necesario, precisamente ahora, es que una vez más no desesperemos.

            En el artículo anterior intentamos exponer muy diáfano que el protagonismo es del Pueblo. Hoy pretendemos señalar con no menos claridad la responsabilidad subsidiaria que pende sobre la Autoridad.

          Estamos un año más en vísperas de la Romería del Pino. Y no es de poca monta el compromiso histórico que tiene contraído el Cabildo Insular de Gran Canaria con la efeméride desde hace ya sesenta y tres años. Esta responsabilidad no atañe solamente al patrocinio del evento concreto, sino al lógico efecto multiplicador que repercute en las demás fiestas patronales que se desarrollan en todos y cada uno de los municipios insulares. De hecho, prácticamente todas las romerías isleñas –para bien y para mal- siguen el ejemplo de la del Pino.

            Un poco de historia

            Justo a mediados del siglo pasado ostentaba la presidencia de nuestro Cabildo Insular un hombre oriundo de las medianías altas del cono isleño, que –nos guste o no el personaje y su obligado entorno- resultó ser una de las más voluntariosas, brillantes y exitosas cabezas de esta tradicional institución, que permaneció en el cargo durante quince fructíferos años. Matías Vega Guerra.

            En el acta de la sesión ordinaria del Pleno del día 1 de febrero de 1952 se lee entre otros acuerdos:

            Patronato de las Fiestas del Pino.-

            A continuación el Sr. Presidente explana una moción proponiendo que el Cabildo asuma la protección y fomento de las fiestas patronales de Ntra. Sra. del Pino como las más representativas de las que se celebran en Gran Canaria y que al efecto se cree un Patronato presidido por el Sr. Alcalde de Teror y que estará integrado por un Concejal de aquel Ayuntamiento, un representante del Cabildo Insular y un elemento conocedor de las distintas modalidades populares de la Isla e invitando al Rvdo. Sr. Cura Párroco de Teror, a que forme parte de dicho Patronato. Se aprueba por unanimidad.

            Suponemos que en aquella ocasión el Cabildo, atento a las necesidades de los nuevos tiempos, quiso formalizar algo de lo que ya venía haciendo en cierto modo.

            Ignoramos si el acuerdo se llevó a efecto al pie de la letra; si tal Patronato se constituyó jurídicamente (particular que seguramente no fuera necesario porque a la sazón bastaría un Decreto presidencial y punto); si hubo posteriores reuniones, con sus correspondientes actas; si se tomaron acuerdos más concretos, etc. Es curioso que ninguno de los excelentes estudios que se han publicado sobre la Virgen del Pino y sus fiestas, se hayan hecho eco, que sepamos, de dicho acuerdo cabildicio ni de su posterior desarrollo.

            Lo que es innegable es que el espíritu del grave compromiso fue asumido por aquella Corporación y por todas las que le han sucedido a través de los años, sin que se conozcan si quiera reticencias para declinar, ni poner en duda, la trascendente responsabilidad del Acuerdo.

            Aquella llamada del Cabildo a los Ayuntamientos para encauzar la ofrenda-romería, nunca fue desatendida por los municipios; son contadas las ocasiones en que se echó en falta el concurso oficial de algún pueblo. Es verdad que la participación ha seguido incrementándose, cada vez con más brillo.

            La transformación progresiva de la Isla, los cambios de costumbres y el deterioro de la educación (no sé si con propiedad antes llamada urbanidad), el olvido de los principios y fines de la ofrenda (no insistiremos en esto, porque ya lo comentamos con detalle en el artículo anterior), el incremento del turismo y la inmensa multitud de paisanos que se hacen presentes (ya hemos leído que este año se estima la asistencia de unas 67.000 personas y que se pondrán a su disposición 200 guaguas. ¡Bien!), cuestionan la complejidad que supone establecer un orden fluido y ágil.

            Ha pasado mucho tiempo y todo ha ido variando, no siempre con excelentes resultados.

            Después de aquellos primeros años, concretamente el día 7, de la Romería, se han ido incorporando algunos detalles por completo inapropiados. Asimismo se vienen ocupando espacios y tiempo de ese mismo día, que de manera traumática distorsionan los tumbos deseables de un día como éste.

            La responsabilidad

            Es evidente que esas realidades van en detrimento de la belleza y el lucimiento deseable y necesario en unas fiestas patronales de esta naturaleza. He aquí la gran responsabilidad del Cabildo Insular y, ¿cómo no?, de los Ayuntamientos, y principalmente el de la Villa Mariana.

            Apenas nos ocuparemos de los matices propiamente religiosos y litúrgicos, porque ello es exclusivamente potestativo de los doctores que tiene la Iglesia, aunque pudiéramos impetrar a éstos que se apliquen con algún esfuerzo (no demasiado usual) a recordar el debido respeto que merecen la Patrona y la Basílica por parte de los fieles y también de los no tan devotos.

            Sin embargo sí debemos tratar un amago de extravagancia pretendidamente estética que asomó por primera vez este año, y que por lo que tiene sobre todo de pastoral, atañe a los devotos de Ntra. Sra. del Pino y a los canarios en general, lo cual nos legitima para intervenir.

            “El Arte Sacro es un tesoro de catequesis inagotable, increíble. Para nosotros es un deber conocerlo y comprenderlo bien. No como hacen algunas veces los historiadores del arte, que lo interpretan sólo formalmente, según la técnica artística (…) Me parece realmente un deber –también en la formación de los futuros sacerdotes- conocer esos tesoros y ser capaces de transformar en catequesis viva cuanto está presente en ellos y nos habla hoy a nosotros. (S.S. Benedicto XVI, Encuentro con los párrocos y sacerdotes de Roma, 22.2.2007).

            ¿A qué viene esto? Pues a que la imagen de la Virgen fue mostrada, por primera vez en una ceremonia litúrgica, sin sus atavíos tradicionales del siglo XVII. Efectivamente el original es bellísimo, pero los canarios tenemos sus postizos asumidos e interiorizados de tal manera que la imagen trasciende, precisamente así, en una “catequesis viva” que “aún nos habla hoy a nosotros”; y de esto se trata, ¿o no?. ¿Por qué cambiar ese lenguaje? ¿Se ha considerado el catastrófico riesgo pastoral o eso no importa nada? Medítese con extremo cuidado, porque el asunto tiene muchos bemoles para la responsabilidad de la Autoridad diocesana.

            Con el mismo criterio torticero, por ejemplo, igual conviene despojar a la Basílica de toda la magnífica voluptuosidad ornamental que ha venido adornándola a través de los años, y así quizás haría mejor juego con la imagen primigenia… ¡Qué disparate!

            Si se quiere mostrar el original, puede disponerse en su camerino una buena copia, que las hay excelentes. Según nuestro criterio la Virgen debe seguir vestida, como la vieron y veneraron nuestros trasabuelos; un “siempre” de siglos, ya tan largo, que nos parece haberla podido identificar –como un prodigio genético- aunque nunca la hubiéramos visto con nuestros propios ojos.

            Nada más lejos de nuestra intención que pretender fomentar un dirigismo intervencionista de la Autoridad civil, desproporcionado a los tiempos que corren; todo lo contrario. Pero sí llamar la atención, constatando, una vez más, la carencia de una orientación pública imprescindible que trate de remediar unos defectos que tampoco dejan de crecer, y consecuentemente van deformando las Fiestas Patronales. Claro que para substanciar la utilidad de una normativa es preciso el estudio serio de las necesidades que la realidad demanda. En cuya elaboración, además de los técnicos han de estar omnipresentes asesores sensibles, perfectamente ilustrados en nuestra historia, etnología, idiosincrasia y tradiciones. Algo de esto hubo, seguro, en el alarde inaugural de 1952. Nos referimos al párrafo de aquel acta, que indica el “elemento conocedor de las distintas modalidades populares de la Isla”. ¿Quién duda que, asesorando al Cabildo, en el meollo de la cuestión bullían el perspicaz Néstor Álamo, los artistas Santiago Santana y Sergio Calvo, los historiadores José Miguel Alzota y Sebastián Jiménez Sánchez?

            No nos cabe duda que para que los organismos oficiales sigan manteniendo el testigo y elevando el listón de la canariedad de la ofrenda del Pino, es prescindible no inventar nada. Primero deben corregirse los errores, necesariamente. Hay que retomar y actualizar la tradición, porque si no, irá desfigurándose hasta convertirse en un evento irreconocible, sin ton ni son.

            Pensamos que después de sesenta años, el Cabildo Insular y el Ayuntamiento de Teror podrían replantearse la reflotación del Patronato y su potenciación. Fue tan simple y escueta su constitución que creemos llegado el tiempo de ampliarlo, conservando intactos los cargos expresados en el acta, pero incorporándole un responsable cualificado por cada municipio (propuesto por éste); y enriquecerlo con aquellos “elementos conocedores de las distintas modalidades populares de la Isla” que decía el acta fundacional. De tal manera que se valoraran estas opiniones, porque –así queremos suponerlo- son la voz del Pueblo. Entonces, unas y otras Autoridades no tendrían más que obedecer, y punto.

            Nos centraremos en varias características que hoy día se presentan desenfocadas por completo.

            El cortejo de la Ofrenda

            Las carretas.- La razón para que desde el principio los productos de la Ofrenda se trasporten en carretas nos parece tan natural que no precisa argumentos, pero aportaremos los primeros que se nos ocurren: Objetivamente es el medio más sencillo, bello y tradicional. El carácter y parsimonia de la tracción animal, imprimen al cortejo un paso sereno, rítmico, silencioso y noble. Su impronta natural y común a todos los municipios, homologa la siempre molesta y afrentosa desigualdad posible entre unos y otros pueblos, etc.

            En la carreta deben ir no más que los productos que se ofrecen, que en lo posible serán, por lógica, exclusivamente del municipio que los produce; todo lo más, adornados con motivos florales apropiados. Por supuesto que en los continentes o cajas no se exhiban etiquetas alusivas a marcas o propagandas. Los distintos municipios podrán mostrar su identificación por un simple escudo de diseño y formato homologado, situado discretamente en la carreta correspondiente y en un mismo lugar en todas; además de un cartelito con su nombre, también de común característica, que portará un peatón que encabece el grupo.

            De cómo hay que cuidar la idoneidad y pureza de los atavíos típicos, sobre manera los que acompañan directamente el cortejo oferente, ya escribimos en el artículo precedente que dedicamos al protagonismo del Pueblo.

            De todo lo demás, ganados, caballos, parrandas, etc., nada que decir porque afortunadamente no falta, ni sobra.

            Las carrozas.- Por todas estas razones y muchas más, no es de recibo que los frutos de la tierra se porten en artificios de esta naturaleza, por muy típicas que aspiren a ser. De la misma manera que los monumentos arquitectónicas no se desplazan por carretera de unos pueblos a otros, la fruta no se transporta en una herrería o lagar ambulante, por ejemplo; ni una descamisada va más allá del millo y los carosos; ni una barbacoa es para deambular comiendo y bebiendo en el trayecto; ni en barca puede llegarse por mar desde la costa hasta Teror, etc., etc., etc. ¡Ojo: que todas estas parafernalias pretenciosas pueden y suelen montarse incluso sobre carretas auténticas!, lo cual es mucho más grave aún.

            No, no es cuestión de despreciar la imaginación; es asunto de que cada cosa sea dirigida a su propio fin. Un desfile carnavalesco en que los municipios pujen por la extravagancia ornamental, no puede enseñorearse de una Romería-Ofrenda, porque el resultado es un canarismo grotesco y patético, que no tiene nada que ver con la canariedad.

            De la ofrenda musical ante la Patrona.-

            Las representaciones municipales van llegando ante la Patrona y, mientras se descargan los productos, las correspondientes parrandas suben a una tarima e interpretan cantos folklóricos.

            En este momento crucial de la Romería se echa de menos una organización minuciosa. No sólo debe medirse el tiempo de la actuación de cada grupo para que el acto no se eternice (cosa que viene haciéndose con más o menos éxito). Estimamos que si una actuación rebasa como máximo los cinco minutos, ya el conjunto resultará excesivo.

            Pero hay otro particular aún más negativo, sobre el que no se pone ningún cuidado: El repertorio.

            Que las isas, folías y malagueñas son lo más representativo y recurrente, no admite duda. Ello precisamente suscita cierta monotonía inevitable en cuanto a las melodías. El folklore canario, como cualquier otro, puede resultar cansino, sobre todo si se desarrolla en gran número de actuaciones homólogas. Razón por la cual hay que evitar a toda costa la reiteración de las letras. La recurrencia a repertorios manidos de textos archiconocidos es índice de una falta de preocupación muy mezquina y una pobreza impresentable. Sobran cancioneros antiguos y modernos muy prolijos y de excelente calidad; esto no pueden ignorarlo los directores de los grupos, ni tampoco los asesores y coordinadores oficiales. Bastaría con un poco de interés y sensibilidad. En todo caso, sobran conocidos poetas y versificadores capacitados para aportar letras nuevas de calidad e ingenio, lo cual sería el ideal. Esto, no tanto para los estribillos corales (que también), como para las estrofas de los solistas. Lógicamente debe constituirse una comisión al efecto, que recoja los repertorios propuestos con suficiente anterioridad para que pueda filtrarlos, y los coordine.  

            De más está decir que ciertas letras procaces  y ordinarias, -que pueden ser admisibles en un tenderete privado- no son de recibo en la Ofrenda, como a veces ha ocurrido.

            El descuido de estos particulares va en detrimento de la calidad, belleza y variedad de nuestro folklore. Es exclusiva responsabilidad de los coordinadores.

            El tumbo de la Romería-Ofrenda: ¡Catarsis traumática!  

            Después de la Ofrenda, muchos de los romeros y demás visitantes, extenuados por el esfuerzo de la jornada, vuelven a sus lugares de origen. Pero quedan muchos grupos e individuos amaguados, que desean proseguir o comenzar la parranda de forma más relajada, tomarse unas copillas con su enyesque, que es cuando realmente se puede disfrutar de un folklore espontáneo, decantado, participativo, cercano, auténtico. Pues no…

            A las 9 de la noche del mismísimo día 7: “Verbena de la Víspera”. Estalla un extraño estruendo sonoro y lumínico, producido por grupos de denominación, idioma y talante extranjeros, que nada tienen que ver con lo canario, y que ocupa uno de los más encantadores ámbitos de la Villa: la alameda trasera de la Basílica. Espacio éste que podría estar rodeado de tenderetes y chiringuitos para que diversas parrandas populares, espontáneas, compartieran su arte tradicional con el Pueblo.

            Y resulta que todo afuerino tenderetoso -si no dispone de una invitación amistosa para asistir a una parranda en casa privada- tiene que volverse a sus lares con el instrumento, la magua y el rabo entre patas.

            ¿Puede existir un despropósito más grande que interrumpir así el espíritu canario de la Romería? Lo consideramos aberrante. ¿Es que no hay otra fecha y lugar más apropiado? Esta responsabilidad atañe directamente al Ayuntamiento de Teror.

 ________

            Publicar estas consideraciones –unas repetidas y otras novedosas- unas fechas antes de la Romería-Ofrenda, tiene el inconveniente de que no podrán repercutir influencia en la de este año; para el siguiente quedarán lejos y quizás queden olvidadas una vez más. Si bien existe la ventaja de que, cuando en los próximos días se constaten los defectos objetos de la crítica, si ésta fue leída, esos fallos se harán aún más evidentes, debiendo propiciar la temprana organización de las próximas fiestas. Es por lo que hacemos votos.

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