En un día cualquiera, da igual en qué ciudad, sus ojos se posaron en la nítida agua encharcada, lluvia fresca que fuerza la sonrisa y alivia todo mal.

Su pupila se mira en el abismo queriendo así encontrar una respuesta a lo que nunca supo preguntar.

Miedos, dudas que emergen oscilantes atrapan ese rayo de la luz que se acerca, perdiéndose en lo absurdo de un cielo enmudecido.

Ya cegó la inquieta desconfianza.

Brilla un astro, el faro de su norte; se siente en casa, el ocaso quedó atrás, sólo quedan jirones de futuro, sabiamente una trapera está a punto de tejerse.

Mañanas inconclusos hilados con recuerdos macerados están en tu telar, tú eres hacedor de tus mejores sueños.

Inma Flores ©

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