Esteban Rodríguez García
Esteban Rodríguez García

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Nos han educado para ser obedientes, para ayudar, para ser serviciales y cuando nos negamos a hacer un favor a alguien tenemos remordimientos, nos viene la sensación de culpa por no haber actuado bien, en el fondo nos sentimos egoístas. Si te ocurre con frecuencia te darás cuenta que los demás son dueños de tu vida.
 
Necesitamos una dosis de Autoestima, capacidad de organización, criterio para decidir quién merece y quién no merece tu ayuda, y además la habilidad para saber decir que no, de forma adecuada.
 
La autoestima es un factor fundamental que coadyuva a las relaciones profesionales.
1.- Autoestima; Quierete, valorate, considera que tu tiempo es valioso, que el tiempo gastado nunca volverá. Tu dinero y tus bienes materiales son tuyos y te los has ganado a pulso. Tu conocimiento tu talento, especialmente en el ámbito profesional son recursos con los que te ganas la vida, y esto tiene un valor , le tienes que poner precio. Debes ser consciente cuando ofrezcas gratis tu tiempo ya que tus conocimientos y tu talento son fruto de tu esfuerzo.
 
2.-Organización ; La capacidad de organización será el eje de tus acciones, tienes que defender tu horario y el de tu familia. Organiza tus actividades laborales, familiares y sociales, sin dejarte arrastrar por las agendas, los deseos o imposiciones de los demás. No cedas a sus preferencias, pon primero las tuyas, Eres tú quien tiene que organizar la agenda y tus prioridades en la puedes incluir a las personas que quieres ayudar, aunque no por sistema.
 
3.- Criterio; Criterio para decidir, piensa; ¿Quién te pide el favor y para qué? ¿Cuántas veces has cedido a una petición a esa persona y cómo te ha compensado?¿Necesita de verdad tu ayuda, tu presencia ? ¿Qué sucede si dijese que no? La generosidad es una gran virtud, pero tiene que ser por voluntad propia, tiene un límite. Nunca será generosidad si actúas bajo presión, chantaje emocional o abuso de poder. Hay que distinguir lo que haces porque quieres y los que haces porque no te atreves a decir que no.
 
4.- Habilidad; Saber decir que no de una forma adecuada. Lo primero que hay que hacer es mantener una actitud de seguridad , de firmeza, y pensar qué es lo que nos conviene en cada momento. Ya después de una segunda parte tenemos que ver cual es la forma más adecuada de decir que No. ¿Cómo negarnos a hacer algo sin que esa persona se ofenda y evitar un conflicto, algunas de las frases que podíamos utilizar son; -Me encantaría acompañarte pero esta vez no podrá ser. -Sabes que te quiero mucho y me gusta estar contigo, pero este fin de semana tengo un compromiso. -Estaré encantado de ayudarte en tu nuevo proyecto cuando pueda organizar mejor mi agenda. -Te agradezco que hayas pensado en mí, pero …
 
Todas estas fases empiezan por una parte positiva y terminan con la parte negativa. ( La parte positiva conduce a un reconocimiento a la otra persona y la negativa al tuyo propio) Si el tacto y la diplomacia no son suficientes pasaremos a expresiones más directas, como: -Lo siento estoy muy ocupado y no puedo ayudarte ahora. -No cuentes conmigo para realizar una tarea que no me corresponde. – Me incomoda que insistas tanto. Por favor no me lo pidas más.
Aunque a veces suene un poco brusco porque no estamos acostumbrados a decir No, esto te puede evitar muchos problemas, malentendidos o situaciones de abuso.
Cuando nos negamos a hacer algo, y lo hacemos con criterio y de forma educada, estamos mostrando por nosotros mismos, que somos asertivos y curiosamente mucho más y mejor valorados .
No decimos no por vergüenza, por pena, por miedo a represalias, a que no te hablen o a que se enfaden. Tratar de quedar bien con todo el mundo ha estropeado nuestra capacidad de decir no cuando no estamos de acuerdo con cualquier situación o cosa. El afán que tenemos por caer bien a todos, ser tolerantes, comprensivos y amables nos lleva a afectar nuestra autoestima y sobre todo, afecta a nuestro valioso tiempo. No debemos olvidar que el tiempo y la energía son los dos recursos más preciados que tenemos ambos son irrecuperables. Todo el tiempo que empleamos en una actividad que no queremos hacer es el que necesitamos emplear en otras cosas que para nosotros son importantes. Cuando optamos por decir sí a una cosa decimos no a otras. Todas las horas que empleamos en satisfacer a los demás son las mismas que debemos emplear en aquellas tareas que nos permiten alcanzar nuestras metas profesionales, familiares y personales como resultado de no decir no.
 
Lo que nos impide comunicarnos de forma asertiva y plantear límites es ante todo el miedo. Eso sí, la comunicación asertiva no es decir «no», es mucho más que eso. Es comunicarte de forma esencial. Es decir la verdad, lo que piensas, lo que sientes y necesitas, y también lo que no puedes o quieres hacer.
Uno de los problemas más habituales hoy día es considerar que crecer como persona o profesional consiste en superar todos tus límites. Pero somos seres humanos, y tener límites forma parte de nuestra humanidad y naturaleza. Lo adecuado es ser conscientes de cuáles son esos límites. Sin embargo, si el resto del mundo desconoce tus límites porque tú no los comunicas, ¿a qué te lleva eso?
 
En lo personal, no decir no o comunicar tus límites te lleva a sentir que no vives tu propia vida, sino que tu vida está condicionada por las decisiones de los demás. No establecer límites claros, expresar que realmente piensas, sientes y necesitas, y qué es lo que no quieres, te lleva a un estado primero de frustración, más tarde de indefensión, y finalmente de desánimo.

En lo profesional, todo se puede intensificar aún más. Al no tomar decisiones, terminamos por sentir cada vez una mayor inseguridad y falta de valoración personal. Al no decir no, puede ser posible acumular trabajo que no nos corresponde, lo cual conlleva más estrés, ansiedad, cansancio, y por lo tanto desánimo y desmotivación por el trabajo (a veces, incluso, miedo).
El trabajo puede ser una experiencia de logros, aprendizaje y bienestar o un pesado lastre diario. Todo depende de cómo comuniques tus límites. En ocasiones, no poner límites también implica que los demás pueden cruzar la línea y causarte malestar.
Decir no, no solo al otro. Para que realmente el no sea efectivo, debemos experimentarlo en nosotros mismos, utilizándolo de forma efectiva para decir; no a los miedos que no nos permiten avanzar en nuestros propósitos, no a la negación de nuestra realidad física y social, no a la no aceptación de nuestras limitaciones.
No a negar el “si podemos”, no a no permitirnos salir de la zona de confort. Un no a todo aquello que te permita un Sí rotundo, convencido, responsable, entusiasta, alegre y feliz .
 
 
Intervención de Esteban Rodríguez García en el programa de radio Moya
 
Nota: Algunas fuentes consultadas para la redacción de este artículo. https://psicologiaymente.com/social/decir-no-sin-sentirme-culpable
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