En el argot del deporte y, principalmente en el del fútbol, es una frase hecha bastante común cuando se acerca el final de temporada, argumentar aquello de que “es mejor salir a empatar”. Todos los que han oído dicha frase o la han utilizado en algún momento, son conocedores de los peligros e interpretaciones que tiene la misma, ya que el destino y el juego son caprichosos y suelen depararnos sorpresas. Imaginemos entonces dos Equipos que, históricamente siempre han estado confrontados (como Real Madrid y Barcelona, como Betis y Sevilla o como la UD Las Palmas y el Tenerife). En las redes sociales, en enfrentamientos en el campo y en muchas situaciones, uno desearía la derrota abrumadora del otro, sin duda. Ahora, imaginemos también que estamos ante la última Jornada de campeonato y el destino ha querido que con un empate, los dos consigan sus objetivos.

Desde la perspectiva de uno de los Equipos implicados en esa contienda, la frase “salir a empatar” puede tener el significado específico de otra frase o dicho popular como es el que dice “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”. Para este equipo en cuestión, que se produzca un empate lo contemplan como una bendición, ya que antes del partido se encuentran muy cómodos y asentados y, en caso de perder, los efectos de la derrota podrían ser catastróficos y de efecto dominó. Este Equipo ha ganado ya el campeonato en varias ocasiones y sus expectativas son altas, pero el empate hace que pueda tener posibilidades de ganar el campeonato otra vez. Por otra parte, desde la perspectiva del otro Equipo implicado en la contienda, una vez que su máximo exponente y goleador ha decidido retirarse, el empate supondría mantener la categoría sin descender a 2ª división. Para éstos, ese empate sabe a derrota, pero significaría un mal menor.

Pero, más allá de la visión unilateral de estos Equipos, existen muchos otros condicionantes y aspectos que quizás los Entrenadores y Directivas de ambos Equipos no han parado a contemplar. El resto de agentes implicados en la contienda también tienen mucho que opinar y padecer, derivado del resultado que salga de dicho enfrentamiento. Por una parte, encontramos al aficionado fiel, que lleva de socio muchas décadas y que solo desea lo peor al contrincante. Para ese aficionado, la frase “salir a empatar” de antemano con el rival al que deseo que pierda, le supone una frustración, desencanto y enfado, que le haga pensarse seriamente seguir apoyando a su Equipo de siempre, porque considera un deshonor que sus colores, su Equipo, llegue a un acuerdo con el máximo rival para salvarle el pellejo. Por otra parte, aquellos que se dedican a las apuestas, convencidos de la rivalidad y defensores de su Equipo de siempre, apostarán ciegamente a que su Equipo vencerá, poniendo un resultado cerrado en la quiniela a favor de su Equipo. Esto les supondrá también un desencanto monumental y una pérdida de ilusiones fundamentadas en la victoria de los suyos, de su Equipo. Pero claro, qué decirle al espectador que paga una entrada para ver un espectáculo de rivalidad, donde se produzca despliegue físico y esfuerzo y, de repente, se encuentra que los Equipos se dedican a pasarse el balón sin pasar de mediocampo. Pues evidentemente, también se sentirían defraudados.

Desde la perspectiva de sus Entrenadores, por supuesto que no van a reconocer que sus Equipos saldrán a empatar, esto supondría un fraude y un desencanto entre sus aficionados de consecuencias muy graves. En las ruedas de prensa de esa semana e históricamente, siempre se le ha deseado lo peor al Equipo rival, a nadie se le ocurriría dejar entrever que su Equipo saldrá a empatar, por mucho que le convenga. Por tanto, ¿quién gana cuando en una contienda, dos rivales no quieren combatir, pelear por la victoria y están deseando que el árbitro pite el final del partido para abrazarse?, perdemos todos. Y a todas estas, el campeonato lo componen otros Equipos que, sabedores del interés de estos dos Equipos en empatar, pueden salir beneficiados del ansia de conformismo que hace pensar a los que desean el empate, que con esa estrategia van a ganar, pudiendo salir beneficiados con el campeonato los que verdaderamente defienden su escudo, su afición y sus colores. Con el “salir a empatar”, sin duda pierde el espectáculo, pierde la verdad, pierde la valentía, pierde el sentido común, pierden todos los que esperan que el partido sea un espectáculo y pierden estos dos Equipos que, engañando a sus seguidores para beneficio mutuo, traicionan su historia y a sus aficionados. ¡Qué empiece el partido!.

Roberto Ojeda García

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