Suele ser motivo de confusión, incluso de controversia, pero aceptación no es resignación. Podríamos decir que la resignación es un punto de llegada, ahí hay sufrimiento. Sin embargo, la aceptación es un punto de partida donde encontramos mucha comprensión, reconocimiento, y disposición para avanzar hacia una realidad deseada.

Podríamos simplificarlo y aplicar el modelo Kübler-Ross, comúnmente conocido como las cinco etapas del duelo, postula un proceso por el cual la gente lidia con la tragedia, especialmente cuando es diagnosticada con una enfermedad terminal o una pérdida catastrófica, en cinco etapas distintas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Si bien esta metodología podría orientarnos para cualquier proceso traumático, en esta exposición trato de alejarme de planteamientos extremos para observar la vida cotidiana con mayor nitidez y por lo tanto siendo conscientes de nuestro momento presente, nuestro ahora, nuestra realidad tal cual la percibimos.

Aclaremos los conceptos:

RESIGNACIÓN

La resignación dispone de dos enfoques fundamentales. Uno negativo y otro positivo

Negativo cuando la resignación se convierte en una peligrosa comodidad. ¿Qué voy a hacer si la situación es la que es, y yo no puedo hacer nada por cambiarla? La resignación se asume y no se cuestiona, acaba convirtiéndose en una costra que nos inmoviliza aún más.  El psiquiatra austriaco, autor del libro El Hombre en Busca de Sentido, Viktor Frankl, nos explicó que «la resignación puede llegar a ser el peor enemigo de la humanidad, ataca nuestra vida social afectiva, incluso física, convirtiéndonos en criaturas que dejan de responsabilizarse de sí mismas, dejando el poder en manos de otros, a riesgo de ir en contra de nuestra autoestima y nuestro propio sentido de humanidad».

La vida en ocasiones duele, parece que cuanto intentamos, nada sale bien. Entonces recurrimos a lo más fácil, la resignación y tirar la toalla. En estos casos es un suicidio personal.

 

Positivo, hay momentos en la vida que no nos queda más remedio que aceptar, asumir y resignarnos de la forma más positiva posible. Una forma de RESILIENCIA PASIVA, asumimos con integridad, sabiendo que no podemos hacer nada y que debemos aceptarlo. No es nada fácil establecer el criterio perfecto. Ahí es cuando separamos lo que está al alcance de nuestra voluntad o la voluntad o circunstancia de otros, causas de fuerza mayor, etc…

Acepto, dejo ir, sé que mi vida no termina aquí. Mi autoestima sigue en pie y estoy preparado para afrontar nuevos retos, nueva esperanza.

Cuando aceptas una situación que no se ha logrado tal como habíamos previsto, no significa darte por vencido, debemos decir SI A LA VIDA.

En su libro El Poder del AHORA, Eckhart Tolle nos dice: -La aceptación se aplica solo a este momento presente, sabiendo que el cambio es deseable, que no quieres quedarte ahí-

Aceptar nuestro rostro, nuestras chichas, nuestros genitales, la estatura, el cuerpo y sus limitaciones, también las intelectuales, físicas, culturales, económicas, sociales. Aceptar para ir hacia adelante, para vivir, para ser feliz en cada una de esas acciones que muestran nuestra vitalidad.

ACEPTAR ES LIBERARSE 

RESISTIRNOS—RESIGNARNOS—ACEPTAR

RESISTIRNOS produce dolor, sufrimiento. El dolor forma parte de la vida y de nuestra evolución. El dolor se produce ante la diferencia entre las expectativas de lo que queremos y la realidad de lo que tenemos. Entre la vida real y la vida que nos gustaría.

La resistencia produce enfrentamiento, enfado, rabia, asco, rechazo, indignación. Emociones que no nos dejan vivir en calma y en paz, que impregnan nuestro cuerpo de químicos que nos hacen sentir verdaderamente mal. No nos damos cuenta, pero nos hace gastar toda nuestra energía en rechazar una realidad que es la que es, nos produce un efecto limitante.

Carl Jung nos dice: -Aquello a lo que resistes, persiste-

Aquello que persiste nos hace derrochar nuestras energías en luchar contra nuestra realidad, tarde o temprano llegamos al desgaste total, entonces esa resistencia se convierte en resignación, brazos caídos.

LA RESIGNACIÓN nos hace ver que ya no podemos hacer nada para cambiar nuestra realidad y no nos resistimos a ella, directamente nos sometemos y abandonamos todo esfuerzo. Nos llenamos de tristeza, desdicha, pesar… Nos aleja de vivir la vida que deseamos y nos damos cuenta de que es fruto de un desgaste, de sentimientos que se ha producido de manera inconsciente.

Para obtener resultados diferentes hemos de hacer cosas distintas. No basta con rebelarse o no desear algo.

ACEPTACIÓN DE LA REALIDAD

La aceptación de la realidad te libera de malgastar tu energía en algo que no puedes cambiar únicamente desde la queja, la resistencia o la resignación.

La aceptación de la realidad te da el poder de decir y preguntarte -de acuerdo con esta situación que tengo ahora que no es la que desearía que fuera, pero es la que es.? ¿Qué es lo que tengo que hacer para avanzar y acercarme a la situación que deseo? ¿Que he de modificar en mi vida para avanzar y acercarme a lo que deseo? 

Te haces preguntas orientadas más al ¿para qué? y menos al ¿por qué?  El ¿por qué? te hace mirar atrás sin embargo el ¿para qué? elevará la mirada que te permitirá dar nuevos pasos.

Observas tu Vida real y la vida que deseas.

Aceptar no te libera del dolor. El dolor forma parte de la vida y las perdidas duelen siempre. La aceptación te permitirá que ese dolor no se convierta en sufrimiento y que puedas utilizar toda tu energía en avanzar hacia la vida que deseas.

TODO EMPIEZA EN TI

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COMENTARIOS

  1. Avatar

    Esteban, me gustó mucho el artículo , pues como dice Víctor Frankl, «Quién tiene un porqué vivir, encuentra el cómo».

    1. Avatar

      Muchísimas gracias. Es extraordinario tener un porqué y especialmente un para qué. Un fuerte abrazo.

    1. Avatar

      Muchísimas gracias Luz, agradecer como lo haces es comprometerse para continuar creciendo, reconociendo y encontrando el sentido de la vida.

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