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miércoles, octubre 16, 2019

Valleseco nombrará a la Virgen del Pino “Alcaldesa Perpetua” del municipio

∙ Acto que tendrá lugar el próximo sábado 19 de octubre, en el evento institucional de la visita de la Patrona de la Diócesis de Canarias. 

El Ayuntamiento de Valleseco nombrará a la Patrona de la Diócesis de Canarias la Virgen del Pino, “Alcaldesa Perpetua” del municipio, en el transcurso de su visita, en el acto institucional del sábado 19 de este mes, a partir de las 20.00 horas.

Donde se leerá la certificación aprobada por el Pleno en sesión ordinaria de fecha 27 de septiembre del presente, haciéndole entrega por el Alcalde, Dámaso Arencibia Lantigua, del Bastón de Mando al Obispo de la Diócesis de Canarias, Francisco Cases Andréu.

Una distinción que viene por diferentes razones históricas entre Teror y Valleseco, debido a que lo largo de toda la vida de estos pagos de las medianías de la isla, han caminado conjuntamente entre lo religioso, cultural y social. 

Valleseco como pago de Teror.

Teror es uno de los núcleos de población más antiguos de Gran Canaria, si bien debemos señalar que el poblamiento más importante se produce a partir de la ocupación de sus tierras por familias acaudaladas que participaron en la conquista durante el siglo XVI. Los primeros datos se remontan al siglo XV y se le considera Villa Mariana al ser sede de la Patrona de Gran Canaria, la Virgen del Pino.

La historia de la villa de Teror está unida a la aparición de la imagen de la Virgen del Pino, convirtiéndose a partir del siglo XVI, en un importante centro de peregrinación a fines del siglo XVI y durante el XVII, desarrolla tras la conquista una economía basada principalmente en la Iglesia del Sagrario de Las Palmas en el año 1514, en el centro de peregrinación de la isla de Gran Canaria. Cuenta la tradición que la imagen se apareció a los fieles sobre un gran pino que había en la localidad. En torno a ese árbol se erigió el templo a partir del cual creció el núcleo urbano en el que se construyeron las casas señoriales y palacios de la burguesía terrateniente de la zona.

El municipio, que se convirtió en un importante centro de peregrinación a fines del siglo XVI y durante el XVII, desarrolla tras la conquista una economía basada principalmente en la agricultura y ganadería. Pese a no ser un municipio de grandes explotaciones agrícolas, éstas han tenido su importancia vital para el crecimiento del municipio de Teror en los siglos XVI, XVII y XVIII. A partir de este último siglo se produce un impulso fundamental en la economía de la Villa mariana como resultado de la introducción de nuevos cultivos como la papa o el millo. Otros cultivos que podemos destacar son las legumbres y hortalizas, y la fruticultura.

La Separación de Valleseco y Teror.

Valleseco comienza sus primeros pasos con el reparto de aguas para los regadíos, dado que anteriormente era un pago de Teror. Cuando se realizó el reparto de las tierras y aguas pertenecientes a Valleseco en el siglo XIX, se beneficiaron los propietarios foráneos, que no eran residentes del municipio.

Estos propietarios conocidos como los medianeros se encargaban de trabajar las tierras, algunos se llegaron a establecer en esas tierras a cambio de labrarlas y obtenían la mitad de la cosecha «como un alquiler pagado en especies con el 50% del fruto de la tierra». Estos labradores fueron los primeros habitantes del municipio de Valleseco que comenzaron a escribir su reciente historia. No olvidemos que en la antigüedad también poblaban esas tierras algunos aborígenes.

En 1842 comienza su andadura con su ayuntamiento propio, siendo por tanto el más joven de los municipios gran canarios. Pero ya entonces poseía una ermita, fruto del empeño de sus feligreses, que antes de su construcción debían caminar largas distancias para asistir a los oficios religiosos en Teror. La gran extensión del pueblo y las dificultades que esto entrañaba para las comunicaciones hizo aconsejable la separación como parroquia y municipio independiente. Eran tiempos difíciles en los que la subsistencia dependía de la bondad de la tierra. La agricultura y la cría de unos cuantos animales proporcionaban el alimento de la familia.

El motivo religioso encuentra argumentos más sólidos en el crecimiento y desarrollo de la población, por lo que se solicita, para su atención espiritual, la construcción de la Ermita de San Vicente Ferrer, en 1746. Las obras finalizaron seis años después y con esta fábrica se pretendía aliviar a los vecinos de la penosa empresa de desplazarse a Teror para cumplir con sus deberes religiosos. La indolencia que mostraban muchos sacerdotes de la parroquia de Nuestra Señora del Pino, a la hora de desplazarse a Valleseco para cumplir con su cometido, es el motivo por el cual la población de Valleseco decide contratar a un religioso para que preste sus servicios a la ferviente feligresía.

Esta ermita eligió la advocación de un santo dominico, lo que justifica que esta devoción fuera difundida por los frailes dominicos, que se llevaron la imagen entronizada, desde Teror. Tras casi un siglo, en 1843, se consigue la independencia parroquial, con el primer presbítero, Francisco Bernardo Guerra. Más adelante, en 1887, por el deterioro y poca capacidad de la vieja ermita, se decide construir la actual iglesia.

La causa política y natural parecen tener cierta relación, puesto que los motivos esgrimidos por Bartolomé Sarmiento y sus acólitos, quienes llevan esta iniciativa a la Diputación provincial, se basan en la difícil gestión y administración de un territorio tan vasto, como era en aquel entonces la jurisdicción de Teror. Las gestiones para conseguirla se inician en 1839, contando ese mismo año con el consentimiento del alcalde de Teror, pero las disputas acerca de las líneas fronterizas dificultan la resolución, continuando los problemas después de la separación. La zona de conflicto fue Madrelagua y La Culata, decidiéndose finalmente, de forma salomónica, dejar esta última para Teror y la primera para Valleseco.

De este modo, Bartolomé Sarmiento de Cárdenes accede a la alcaldía del recién estrenado Ayuntamiento, quedando reconocido su esfuerzo en la emancipación municipal, que se consigue en 1842, aunque es concedida de modo oficial un año después, con la aprobación del Gobierno Central.

Hermandad entre Valleseco y Teror.

Los Municipios de Valleseco y Teror, conscientes de los vínculos de amistad y solidaridad que existen entre ambos y convencidos de que la mutua colaboración los beneficiará mutuamente, siendo una forma de profundizar en la unión territorial, se han hermanados hacen años porque:

Que las relaciones de hermanamiento constituyen un elemento fundamental para un mejor conocimiento y colaboración entre los pueblos, contribuyendo a reforzar, favorecer y promover la amistad y la paz.

Que el establecimiento y la instauración de relaciones permanentes de cooperación e intercambio entre los dos representan un estímulo para todos los sectores que forman el tejido civil, social y económico.

Ambos Ayuntamientos creen la unánime decisión de mantener relaciones de amistad, unión y fraternal hermandad para conseguir el progreso, el desarrollo y el bienestar de ambos pueblos, unidos en mutuos deseos de convivencia.

Se comprometen a colaborar para fortalecer las relaciones inspiradas en la igualdad, la paz y la prosperidad, tanto culturales como deportivas, sociales, turísticas y económicas.

Se comprometen a posibilitar el intercambio de experiencias, iniciativas y soluciones a sus problemas comunes. Con el fin de lograr un conocimiento recíproco más amplio que sea fundamento de los intercambios, de la difusión recíproca de sus atractivos y recursos turísticos y de los proyectos a desarrollar (acciones promocionales, culturales y comerciales de sus respectivas áreas de influencia), los representantes de ambos municipios encargados de la ejecución de este protocolo dispondrán que se efectúe el envío periódico de información y documentación de ambas villas y que se lleve a cabo la distribución del material recibido entre los responsables y técnicos de las áreas interesadas.

Valleseco y la Virgen del Pino.

Los Vallesequenses han sentido siempre una honda devoción por la Virgen del Pino.

Son miles de vecinos los que han puesto su devoción en manos de la Virgen del Pino, en todos los tiempos, creyentes y no creyentes, vecinos y visitantes, han visto en la Virgen del Pino una de las principales señas de devoción y peregrinación.

En los principales momentos de la vida de las personas, tales como su nacimiento, los vecinos han puesto sus hijos bajo el amparo de la Virgen, ante la cual han contraído, principalmente, matrimonio ante su imagen, siempre y en cualquier momento, la Virgen del Pino ha estado acompañando a las familias, además de todas las intenciones que en privado han realizado ante ella, y durante generaciones, los sucesivos habitantes del municipio.

Desde tiempo inmemorial y de generación en generación han querido reconocer a la Virgen todo el bien que han realizado, una forma de reconocimiento es el hecho de nombrarla por el Pleno Municipal como Alcaldesa Perpetua. En el ámbito civil es una figura de referencia de la comarca como, dándose la circunstancia que acoge a todas las ideologías políticas.

El nombramiento de una Alcaldesa Perpetua en la Imagen de la Virgen del Pino no vulnera ni afecta a las libertades de nadie, lo que demuestra es que esta institución recoge el sentir popular de los ciudadanos, al tiempo que se da cumplimiento al art. 16 de la Constitución de 1978 en el que se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto…”Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española…”. Por lo que con este nombramiento se respeta la diversidad, pero también la común identidad de la mayoría de los vallesequenses.

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