VIVENCIA DE NUESTRA GENTE N° 34.

 EL EXAMEN DE PATRON DE BARQUILLAS EN AGAETE. 

Esta anécdota me la contó un amigo de Agaete y según me dijo le ocurrió a su abuelo allá por los inicios del pasado siglo veinte. Aunque me autorizó a utilizar su propio nombre, prefiero usar uno ficticio pues se trata de una familia muy conocida y algún miembro de ella se pudiera molestar. En realidad el nombre es lo que menos importa.

Maestro Andrés era un hombre alto, fuerte y secarrón. Estaba casado y tenía varios hijos que eran aún pequeños. Vivía en Las Nieves, del término municipal de Agaete, muy cerquita del mar. Era un hombre de costumbres fijas y todas las tardecitas se reunía con los amigos a charlar un rato y a echarse algún pisco de ron. Iba siempre bien arreglado con su cachorro puesto y un cigarro, que el mismo liaba, en los labios.

Maestro Andrés se ganaba la vida pescando con una pequeña barca de su propiedad, y el hombre iba tirando al igual que el resto de los pescadores de Las Nieves. Lo cierto es que ellos vendían todo lo que pescaban, porque el pescado de esa zona es muy valorado en toda la isla, hasta el punto de que los propietarios de varios restaurantes de la ciudad de Las Palmas venían a comprarlo a diario. La verdad era que no vendían más porque no querían echar más horas pescando, pues ellos tenían muy claro que había que trabajar lo necesario para ir viviendo. Vamos, que ninguno de ellos se mataba trabajando. Como se solía decir: trabajaban para vivir y no vivían para trabajar.

En esa época ningún pescador de barquilla tenía permiso alguno para hacerse a la mar. Así que las autoridades de la Marina acuerdan un día hacerles un pequeño examen oral, pues casi todos eran analfabetos, para darles un carnet que les autorizaban a salir al mar a faenar. El examen sería sencillo pues les harían preguntas de casos prácticos que todos conocían de sobra, pues estos hombres acumulaban muchos años de experiencia, ya que casi aprendían a navegar antes que a caminar.

Para tal examen se desplazaría a las Nieves, en la fecha acordada con todos los pescadores, un Teniente de Marina recién salido de la Academia, por tanto muy joven, que procedía de Galicia y que llevaba poco tiempo en la isla. La instrucción que llevaba era de no suspender a nadie por lo que contestaran bien o mal el carnet se les entregaría.

Se habían citado, a media tarde, en el comedor de un restaurante de la zona, pues los pescadores no tenían ningún local donde reunirse. Después de presentarse se sienta detrás de una mesa y va llamando de uno en uno a los pescadores. Empieza a examinar sin problemas a varios de ellos, hasta que le toca el turno a maestro Andrés y después de saludarlo de manera afectuosa, como a todos los demás, le hace un par de preguntas muy sencillas para que se tranquilizara, pues le veía algo nervioso. Y entonces se produce el siguiente diálogo:

–  Bueno maestro Andrés, vamos a empezar el examen y quiero que no se     ponga nervioso y conteste con tranquilidad y sin prisas a las preguntas que le voy haciendo:

  • P’os usted dirá…….
  • Cuantos metros de proa a popa tiene su barca?.
  • P’os si le digo lo engaño porque yo nunca la he medi’o, pero yo creo que debe andar por los cuatro metros y medio o cinco…..
  • Ah pues tiene una buena barca. Y dígame a qué edad aprendió usted a navegar?.
  • Oh, p’os desde que era un chiquillo que siempre andaba detrás del viejo.
  • Vamos a ver maestro Andrés, le dice el Teniente pasando a preguntas más técnicas. Imagínese que usted sale a faenar y ya se encuentra a varias millas de la costa y se empieza a levantar viento provocando unas olas de un metro de alto. Qué haría usted?.
  • Que quiere usted decir con eso de que salgo a «faenar»…..
  • Ah, quiero decir que sale a pescar…….
  • Ah, tá-bien…..oh que voy a hacer, echar cadena.
  • Bien, le contesta el Teniente. Pero ahora imagine que el viento sigue arreciando y las olas han crecido a un metro y medio o dos metros. Qué haría usted entonces maestro Andrés?.
  • Maestro Andrés le da un par de chupadas al cigarro para que no se le apagara, y sin prisas le contesta: P’os echo más cadena.
  • El Teniente, ya algo acalorado, le vuelve a preguntar: Siiiii maestro Andréssss, pero Imagínese que la situación ha empeorado tanto que el viento se ha transformado en un vendaval y las olas son de más de tres metros, piénselo y dígame qué solución daría usted a esta difícil situación….
  • Maestro Andrés se queda pensando un rato, y echándose el cachorro para atrás para que le entrara algo de aire y le secara el sudor de la frente, se encoge de hombros y le contesta: P’os yo seguiría echando cadena……
  • El Teniente ya casi fuera de sí le dice en voz más alta de lo debido: !Pero maestro Andrés es que usted tiene el barco lleno de cadenas!……….
  • A lo que maestro Andrés le contesta con la misma altura de voz: !Y usted tiene la cabeza llena de viento!…….

Al Teniente no le queda más remedio que echarse a reír y sin más le da un apretón de manos y le entrega el carné de patrón de barquilla. !A este hombre no había por donde cogerlo!

Nota aclaratoria: Echar cadena significaba “echar el ancla”, que en muchos casos era una piedra atada a úna soga.

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