Hay algunas vivencias que tienen el mismo protagonista y esta es una de ellas. Se trata de maestro Manuel, que vive en un barrio de Gáldar, el que engañó a los hijos con la lotería, se acuerdan……?. 

En aquella época de los años 50/70 del pasado siglo, la gente humilde se compraba unos zapatos cuando no le quedaba otro remedio; cuando los viejos, generalmente los únicos que tenia, ya no admitían ni más tapas ni más suelas. Y las fechas que casi todos elegían para comprárselos era por las fiestas del pueblo, en este caso por las de Santiago Apóstol, pues era costumbre estrenar algo todo aquel que pudiera permitírselo. 

Así que maestro Manuel, más por necesidad que por las fiestas, decide comprarse unos zapatos nuevos, y un día de principios del mes de Julio, un sábado por la tardecita, después de acabada la larga jornada de trabajo, se dirige a la tienda de Cristobal que está situada en la calle Larga de Gáldar y que se especializa en la venta de todo tipo de zapatos; tanto para hombres, como para mujeres y niños. Lleva ya varios años abierta al público y era muy conocida, pues aparte de tener un gran surtido y a precios para todos los bolsillos, a las personas poco pudientes Cristobal le solía dar algunas facilidades para pagarlos; como por ejemplo: dar una cantidad todas las semanas, pues entonces se cobraba semanalmente, o pagarlos de dos o tres veces. 

El día señalado maestro Manuel entra en la tienda, que estaba a rebosar, teniendo en cuenta que estaban las fiestas de Santiago a la vuelta de la esquina y encima era sábado, y busca a Cristobal y le dice, después de saludarlo muy atentamente, que quería unos zapatos color negro del número 42 y que fueran suaves porque tenía un par de callos que lo traían de cabeza. Cristobal también le saluda pues se conocían desde hacía años y le dice que tiene que esperar a que le toque el turno. Maestro Manuel le dice que de acuerdo y que allí mismo esperaba a que le tocara «la vez». Se sienta en uno de los taburetes que hay para probarse los zapatos y espera pacientemente. 

Al cabo de unos veinte o treinta minutos, aparece Cristobal con una caja de zapatos bajo el brazo y se los da para que se los probara y se fue a atender a otro cliente. Maestro Manuel se los prueba pacientemente, camina un poco dentro de la tienda a ver si le molestan, y se decide por ellos pues le gusta la forma y además son fuertes pero suaves. Una vez decidido va en busca de Cristobal y le dice que le gustan; que cuánto cuestan. Cristobal le da el precio y maestro Manuel le pregunta que si se los podía llevar fia’o hasta que cobrara el 18 de Julio, que era dentro de doce días. Cristobal le contesta poniéndose muy serio: «Manolito yo a usted no le vuelvo a dar nada fia’o porque recordará que los últimos zapatos que me compró tardó más de un año en pagarlos». Cristobal sabía a ciencia cierta que no se los iba a pagar con la paga extra. Maestro Manuel agacha la cabeza y le dice que lo entiende, que le perdone por haberle hecho perder el tiempo pero que él en ese momento no tenia dinero para comprarlos. Le devuelve la caja de zapatos y sale de la tienda calle Larga abajo en dirección a su casa, después de echarse un par de rones con una perra de chochos en el bar «Casa Pedro», que le cogía de paso. 

Habían pasado algo más de dos meses cuando un cliente le pide a Cristobal unos zapatos negros del número 42. Va a buscarlos y cuando abre la caja para dárselos a probar se encuentra con los zapatos viejos de maestro Manuel. !Ya este rebenque me la volvió a pegar!. Y sin poderlo aguantar se empieza a reír sin poder parar al acordarse de la conversación que tuvo con maestro Manuel, que ya tenía los zapatos nuevos puestos y él no se había dado cuenta. Hasta los empleados y el propio cliente, cuando les contó lo sucedido, se fueron a partir de la risa. 

Él sabía que más tarde que pronto maestro Manuel le pagaría. !No hay manera de meterlo en cintura!, se lamentaba.

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